El municipio de Bonanza se viene transformando en los últimos años. Es evidente la inversión de las autoridades en edificios insignias como el estadio. LA PRENSA/ G. MIRANDA

Bonanza, una mina que renace

Dicen que la tierra de Bonanza es ácida. Tal vez sea porque debajo de ese suelo hay oro y plata, riquezas que desde finales del siglo 19 han atraído a gentes de todas partes del país, aun extranjeros que han llegado a escarbar las entrañas de ese territorio que desde siempre ha estado habitado por mayangnas.

Dicen que la tierra de Bonanza es ácida. Tal vez sea porque debajo de ese suelo hay oro y plata, riquezas que desde finales del siglo 19 han atraído a gentes de todas partes del país, aun extranjeros que han llegado a escarbar las entrañas de ese territorio que desde siempre ha estado habitado por mayangnas.

Hoy, junto a Rosita y Siuna, las otras dos ciudades del Triángulo Minero, son una especie de frontera entre el mundo indígena que sobresale en la RAAN (Región Autónoma Atlántico Norte) y el campesino que ha llegado desde finales de los noventa.

En las calles de Bonanza se respira ahora una cierta pujanza. El estadio se ha remozado, las principales arterias de la ciudad han sido adoquinadas y de sus flancos brota un comercio nutrido, por el que fluye gente de las 43 comunidades del municipio, que venden lo que cosechan y se abastecen de ropa y calzado.

Dicen que la tierra de Bonanza también es ácida por la vocación forestal de sus suelos, a sus pies brota la reserva de Bosawas.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí