Conversaba recientemente con un sacerdote experto en teología y enfocamos con mucho sentimiento y definido interés eclesial los graves acontecimientos sociopolíticos que vive con mucha pena y sufrimiento nuestra querida Nicaragua. Y, al respecto, surgió el tema de la ilegal y desafiante reelección de Daniel Ortega y la suma de variadas violaciones a la Constitución de la República y leyes conexas; y recordé que en días pasados en una entrevista que me fue formulada por un distinguido periodista sobre el alcance del Juramento o Promesa de Ley que rindió el 10 de enero del año 2007 el citado Ortega al asumir su cargo para el ejercicio de la Presidencia de la República y al tenor de lo que ordena la Ley No. 104 del 18 de julio de 1990, publicada en La Gaceta No. 143 del 26 de julio de 1990, y con la mención de Dios, la Patria, y en recuerdo a nuestros héroes nacionales, y por su honor, el respeto a la Constitución y las Leyes, y el cumplir fielmente con los deberes del cargo.
Cuando el presidente Ortega expuso su compromiso en la citada fecha fue advertido de que si cumplía lo que prometía la Patria lo premiaría, y si no ella lo haría responsable. Pero si ahondamos lo determinante de este juramento o promesa, concluimos que están obligados a expresarlo con responsabilidad y respeto, a sí mismo, los electos magistrados de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), los miembros del Consejo Supremo Electoral (CSE) y otros funcionarios de nivel del total respeto y observancia de los que le impone la citada Constitución Política que tiene como primer testigo a nuestro Divino Dios, a nuestra sagrada Patria y el fervoroso recuerdo a nuestros héroes cuyo legado lo llevamos y vivimos con mucho orgullo nacional.
A esas alturas, y lo manifiesto y ya lo he dejado señalado pero vale su repetición y ratificación, que la promesa señalada ha sido violentada, ultrajada y rendida con cinismo que debe traducirse como una ofensa grave a Dios, pues Ortega olvidando por completo su juramento del 10 de enero de 2007 aceptó postularse como candidato sin base legal alguna para las elecciones de Presidente de la República el próximo mes de noviembre del año en curso.
De todo esto se saca como capítulo final que son visibles 3 o 4 actos delictivos y una falta grave, ofensiva, denigrante y todo oprobio cuando se ha violentado uno de los 10 Mandamientos de la Ley de Dios como es “el juramento en nombre de Dios en vano” lo que los cristianos lo tenemos como una irritación a nuestros principios de fe, igual que los calculados atropellos manejados sin miramiento alguno por quienes están obligados a ser los primeros a rendirle tributo a nuestra Constitución Política.
Finalmente, expreso que me siento optimista pensando que en corto plazo por las vías legales y con civismo de altura, para bien de Nicaragua, se reconozca que el valor y valer de nuestra legislación están muy por encima de los caprichos y la soberbia de quienes tienen como norte sus intereses políticos productores de prebendas que nos colocan en una situación muy triste y vergonzosa.
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