Circulan varios mensajes antislámicos y antiárabes en Internet llamando a combatirlos porque supuestamente quieren asesinar a los cristianos y conquistar el mundo con la guerra santa o yihad. Tales mensajes llenos de odio y falsedades me recuerdan la campaña nazi contra los judíos que llevó al holocausto de 20 millones de ellos.
Yihad en árabe significa “lucha”. Su significado en El Corán es el de una “lucha santa” de cada musulmán (seguidores del islam) contra los pecados; y la lucha contra los que agredan al islam. En este último sentido tiene una connotación de defensa, no de agresión. Lo que dice El Corán es: “Combatid en el camino de Alá a quienes os combaten, pero no seáis los agresores. Alá no ama a los agresores. Matadlos donde los encontréis, expulsadlos de donde os expulsaron, pues el que ataca a los creyentes es peor que un asesino. No los combatáis junto a la mezquita sagrada, solo que os ataquen en ella. Si os combaten, matadlos: ese es el castigo que merecen los agresores infieles. Si dejan de atacaros, Alá será indulgente y misericordioso con ellos” (El Corán, 2, 186-188).
Hay un grupo minoritario de musulmanes que interpretan El Corán de forma radical y afirman que hay que “matar a todos los infieles”. Ese grupo surge del rencor acumulado durante muchos años y varias generaciones de musulmanes enfrentados a quienes los han despojado de sus tierras y los han atacado en diferentes guerras. A pesar de haber sufrido agresiones no se justifica su posición radical. Se les llama “yihadistas”. Pero ellos no son representativos de la comunidad musulmana, sean árabes, bosnios, iraníes, turcos, hindúes, negros, etc., en su inmensa mayoría gente buena y pacífica.
Las sagradas escrituras de los judíos dicen: “Yo odio, oh Yahvé, a los que te aborrecen y desprecio a los que te desafían. ¡Los odio con toda mi alma! ¡Son mis enemigos!” (Salmos 139. 21 y 22). “Perseguiréis a vuestros enemigos que caerán ante vosotros al filo de la espada” (Levítico 26. 8). Pero no podemos por eso decir que los judíos sean de naturaleza agresiva ni mucho menos criminales. Hay que interpretar las escrituras sagradas en su contexto histórico y cultural, no literalmente. Esos textos son también parte de nuestra Biblia cristiana aunque Jesucristo nos dijo que debemos amar a nuestros enemigos (Mateo 5. 44). Igual sucede con El Corán, escrito hace casi 1,400 años.
Así como hay fanáticos “yihadistas” también los hay judíos y cristianos. Sabemos que recientemente se han cometido actos crueles e injustificados contra los musulmanes en Bosnia y en Palestina; y en la historia hubo cristianos que mataron a “los infieles musulmanes” en Las Cruzadas de la Edad Media y en la Inquisición, errores por los que Juan Pablo II pidió perdón a la humanidad en nombre de la Iglesia.
Quizá esto nos ayude a poner las cosas en su verdadera perspectiva y condenar la violencia “venga de donde venga” sin discriminar a nadie por su raza, su cultura o su religión. Solo así podremos actuar realmente como nos manda Jesús, construyendo la paz con amor verdadero, sin odio ni prejuicios. Bondad y maldad hay en todas las naciones, pueblos, razas y religiones. ¡No debemos generalizar! www.adolfomirandasaenz.blogspot.com
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