Por Ludwin Loáisiga López
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En una de las colonias de la «casas para el pueblo», el presidente Daniel Ortega es como un rey: él decide si cumple o no con los límites que impone la ley. Su decisión, dicen, está basada en lo que «pide el pueblo».
En los pasillos de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN), en Managua, Ortega tiene la reputación de estar con los jóvenes: supuestamente promueve el deporte y regala balones.
Unas cuantas casas por aquí, algunas calles por allá, comida en La Purísima o Navidad, sumado a una oposición cómplice o incapaz y el presidente Ortega lidera la intención de votos con el 47.8 por ciento, según una encuesta de M&R Consultores, pese a que su candidatura es inconstitucional.
LA PRENSA visitó dos bastiones del mandatario: las casas para el pueblo que entregó a los afectados por el Nemagón y la UNAN-Managua.
Los simpatizantes de Ortega dicen que el artículo 147 de la Constitución no lo inhibe.
«El pueblo debe abrir los ojos y mirar que no es reelección, no es que está violando ninguna Constitución, no es que está violando ninguna ley. El pueblo lo está pidiendo a Daniel», dice Guillermo Vivas, vicepresidente de los afectados por el Nemagón.