Una de las cosas que más llamaba la atención del visitante durante los años ochenta eran las constantes citas que el oficialismo hacía del pensamiento de Sandino, parangonando las citas del Libro Rojo de Mao, o del Libro Verde de Muamar Gadafi.
En ese contexto es oportuno analizar el telegrama de Sandino escrito en Yalí el 24 de mayo de 1927, enviado al comando de los marines en Jinotega. Ese telegrama lo recibió Stimpson y fue publicado en la página 38 del Suplemento 4 de la Revista Conservadora #27 de octubre de 1962.
Habría que comenzar por hacer la observación que lo que es bueno para la gansa es bueno para el ganso.
Dijo Sandino: “Considerando que las bases propuestas y aceptadas por el general José María Moncada no garantizan la paz y la tranquilidad del país bajo la presidencia de don Adolfo Díaz, contando, como en realidad cuenta, con una mayoría elegida por él mismo, en el Congreso, Senado y Corte Suprema, y que con el tiempo daría ocasión a nuevos vejámenes para el partido Liberal y nueva guerra civil, teniendo en cuenta el anhelo de paz que a todos anima, para que esta sea eficaz y duradera, proponemos como condición indispensable la abstención de los dos partidos de toda injerencia en los asuntos de la República, mientras no hayan elecciones libres”.
Si cambiamos Senado por Consejo Supremo Electoral y entendemos la oposición, en vez del Partido Liberal, prácticamente todo podría aplicarse, “mutatis mutandi” a la situación actual, 84 años después de la preparación profética y envío del telegrama.
Dijo Sandino: “Por tanto, si Estados Unidos con buena fe ha intervenido en el país, proponemos como condición sine qua non para deponer nuestras armas que asuma el poder un gobernador militar de los Estados Unidos mientras se realicen las elecciones presidenciales supervigiladas por ellos mismos”.
Disiento con el general de Hombres Libres sobre la posibilidad de cualquier invasión de parte de Estados Unidos o cualquiera otra potencia pudiera ser catalogada “exante” como de buena fe.
Estoy seguro además, que Sandino hubiera modificado su propuesta a la luz del desarrollo institucional de los últimos 84 años, pues en 1927 no existía la OEA, pero llama poderosamente la atención que Sandino no pidió “acompañamiento”, ni siquiera “observación electoral respetuosa de la soberanía”, sino que “elecciones supervigiladas por ellos mismos”. Asumo que por ellos mismos se refiere a los marines y no a sus “testaferros de la OEA”, como les llama el presidente Ortega.
Dijo Sandino: “Al ser aceptada esta proposición nos permitimos manifestar que ni yo ni mis soldados aceptamos dinero alguno por nuestras armas”. De Ud. Afmo S.S. —Augusto C. Sandino— “Jefe de los Montañeses”. Nótese el yo imperial antes que “mis soldados”.
Guardo la esperanza que haya suficiente juventud en Nicaragua que esté dispuesta a no aceptar dinero a cambio de abandonar la lucha, o la pluma, la pinta o la protesta en las calles para conseguir la tan anhelada paz que desde entonces seguimos buscando sin resultado duradero.
Creo que las elecciones supervigiladas no son aceptables, pero la observación electoral de la OEA, de la UE y del Centro Carter, iniciando ahora y cubriendo el proceso de depuración del padrón, la cedulación y la organización apartidista del Consejo sería suficiente garantía “teniendo en cuenta el anhelo de paz que a todos anima”.
El autor fue canciller de Nicaragua
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