Norman Caldera

Este “Mullah” es mi macho

La semana pasada me desperté asombrado al saber que un líder religioso, excanciller y expresidente de la Asamblea General de la ONU, había sido nombrado Embajador del Poder Ciudadano Árabe de Libia.

Me pregunté ¿cómo un hombre inteligente como Ali Abdussalam Treki aceptó representar a un Gobierno al que el Consejo de Seguridad, desde el 15 de febrero de 2011, había remitido al Fiscal de la Corte Penal Internacional “destacando que los responsables de los ataques contra la población civil… y sus cómplices deben rendir cuenta de sus actos?”.

Esa decisión, sin precedentes, del Consejo de Seguridad: remitirle al Fiscal un expediente sobre un país que no es miembro de la Corte Penal Internacional tuvo sus efectos.

Cuando Alí se enteró que representaba un Gobierno proscrito y que podría ser declarado cómplice de los imprescriptibles delitos de lesa humanidad, incluyendo genocidio, de los que acusan a Gadaffi, se quedó en Egipto. Allí procedió a asilarse y desligarse del régimen libio como quien se aparta de un leproso, para evitar los posibles llamados para que rinda cuentas de su complicidad ante la Corte Penal Internacional.

Por su parte, el presidente de Estados Unidos, Barak Hussein Obama, dijo en un discurso que podría ser –y el futuro lo dirᖠsu primer paso hacia reivindicar el Premio Nobel de la Paz que le dieron por adelantado, más como una expresión de esperanza en su actuación futura que como un reconocimiento a sus méritos:

“Creo que este movimiento de cambio no tiene retroceso, y que debemos estar del lado de los que creen en los mismos principios básicos que nos han guiado a través de muchas tormentas: nuestra oposición a la violencia dirigida contra su propio pueblo; nuestro apoyo a los derechos universales, incluyendo el derecho de libre expresión y de libre elección, y nuestro apoyo a Gobiernos que sean, en última instancia, sensibles y receptivos a las aspiraciones de sus pueblos”.

Mi vergüenza ajena y asombro aumentaron al saber que otro exreligioso –los musulmanes les llaman “Mullah”—, excanciller y expresidente de la Asamblea General, esta vez nicaragüense aunque nacido apropiadamente en San Francisco, California, había aceptado representar al Poder Ciudadano Árabe Libio ante Naciones Unidas. Algo así como el Socialismo del Siglo XXI representando al Socialismo Feudal del Siglo XIV. Una designación que podría interpretarse como: “Este Mullah es mi macho”.

Me pregunté si nuestra representante ante la ONU había trasmitido el mensaje del Consejo de Seguridad con la Resoluciones 1970 (§ 15, 17, 22 y 24) y 1973 contra Gaddafi, o si no le había informado al presidente Ortega sobre sus alcances y repercusiones.

¿Se le olvidó al canciller que para representar a un país ante la ONU debe contarse con una visa G-1 y no la B-1 que portaba? La Representación de Nicaragua tuvo que correr a cancelar la Conferencia de Prensa a la que festinadamente había llamado para celebrar la injerencia nicaragüense en los asuntos internos de otro país.

El comportamiento del Gobierno ante la gente en las calles demuestra dos cosas. Por un lado, mucho miedo y por otro, que no han escuchado ni las resoluciones del Consejo de Seguridad ni los discursos de Obama.

Si a esto le añadimos el aislamiento claro que Nicaragua se ganó a pulso, error tras deliberado error en la OEA con el único fin de descalificar al organismo regional como observador electoral, tenemos que llegar a las siguientes conclusiones:

Que la solidaridad del Alba se deshace como castillos de arena a la hora de las votaciones; que la lengua bolivariana tiene más peso que su espada; que el último representante libio en Naciones Unidas no llegó a la presidencia de la Asamblea General por su abrumadora personalidad, sino porque era el turno de Nicaragua; y finalmente, da la impresión que el antiguo diplomático ya no sabe leer la rosa de los vientos.

El autor es excanciller de Nicaragua.

COMENTARIOS

  1. Raul Castellon
    Hace 15 años

    Es Norman Caldera agarra la vara rapido de intelectual. Su pose y sus dichos son los de un ex-funcionario corrupto y egolatra. No se que tiene que decirnos a los nicaraguenses

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