Los estudiantes heridos tras el tiroteo en una escuela en Río de Janeiro fueron trasladados a varios centros asistenciales en este estado de Brasil, donde nunca se había registrado un suceso como este.  LA PRENSA/AP/VICTOR R. CAIVANO

Matanza en escuela de Río de Janeiro

Once estudiantes fueron asesinados y 13 resultaron heridos ayer en la escuela primaria municipal Tasso da Silveira, por Wellington Menezes de Oliveira, un exalumno que les disparó y luego se suicidó.

 

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Wellington Menezes de Oliveira, que asesinó a los once niños en una escuela primaria en Río de Janeiro y luego se suicidó, dejó una carta con instrucciones para su entierro y muestras de fanatismo al islam.

La carta fue encontrada por la Policía en uno de los bolsillos de Menezes. En la misiva, divulgada por la Policía, el homicida pide que un “fiel seguidor de Dios” visite su sepultura al menos una vez para que le pida perdón por lo que él hizo y solicita que su casa sea donada a alguna sociedad que cuide de animales abandonados.

También da instrucciones para que su cuerpo sea “lavado” y preparado para el entierro y para que no sea tocado por “impuros” y que solo lo hagan “los castos o los que perdieron su castidad después del matrimonio y no se involucraron en adulterio”.

Igualmente da indicios de la premeditación del crimen al avisar que quiere ser enterrado envuelto sólo en una sábana blanca que él mismo dejó dentro de una bolsa “en la primera sala del primer piso”.

El subalcalde de la zona oeste de Río de Janeiro, Edmar Teixeira, expresó a los periodistas que Menezes había hecho menciones en su carta a que estaba infectado con el virus del sida, pero en la misiva no hay tales referencias.

Una hermana adoptiva del homicida admitió en declaraciones a una radio que el joven solía hablar de “cosas de musulmanes” y aseguró que era “muy reservado”, al punto de vivir solo y de salir poco de su casa, en donde permanecía todo el tiempo frente a un ordenador.

Oliveira también pide ser enterrado al lado de la sepultura de su madre y la “visita de un fiel seguidor de Dios (…) por lo menos una vez”.

También pidió que su vivienda sea cedida a una institución que cuide de animales abandonados debido a que ninguno de sus familiares la necesita y que los animales precisan de “mucha más protección y cariño que los seres humanos (…)”.

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RÍO DE JANEIRO/AFP/EFE

Once estudiantes fueron asesinados y 13 resultaron heridos ayer en la escuela primaria municipal Tasso da Silveira, por Wellington Menezes de Oliveira, un exalumno que les disparó y luego se suicidó.

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, rindió homenaje a los “niños inocentes” que perdieron “su vida y su futuro” en la masacre, en la escuela del barrio Realengo, en un suburbio en el oeste de Río de Janeiro, y manifestó su “repudio a este acto de violencia contra niños indefensos”, que no forma parte de la “cultura” brasileña.

Por su parte, el ministro de Educación, Fernando Haddad, afirmó que “es una tragedia sin precedentes en Brasil”.

Las víctimas mortales son diez niñas y un niño de entre 12 y 14 años de edad, la mayoría de las cuales fue alcanzada por impactos de bala en la cabeza y en el tórax, según la Secretaría de Salud.

El ataque ocurrió a la hora de llegada de los estudiantes a la escuela, a la que asisten unos 400 alumnos de entre 9 y 14 años, edad hasta la que se extiende la enseñanza primaria en Brasil.

La Policía acordonó la escuela para contener a una verdadera multitud de vecinos y padres de alumnos que se precipitaron al lugar en busca de información, entre desgarradoras escenas de desesperación y desmayos.

Elizer, un funcionario de correos que vive cerca de la escuela, señaló que dos niños heridos tocaron a su puerta. “Dos niños corrieron a mi casa, estaban disparando en todas las direcciones. Mi hija y mis dos sobrinos estaban allí. Pero están bien”, contó.

Eluzia, que vive en frente del colegio, dijo que su hijo de 10 años logró escapar del ataque. “Él miró por la ventana al escuchar los tiros y, aunque no vio nada, comenzó a correr hacia la puerta y gracias a Dios está bien”, explicó. “Este barrio es muy tranquilo, nunca imaginé que pasaría algo así”.

Los bomberos identificaron al atacante como Wellington Menezes de Oliveira, de 24 años, que era un exalumno, según el alcalde de Realengo. Sus padres declararon a la televisión que era su hijo adoptivo y que había abandonado el hogar hacía ocho meses.

“Empleados de la escuela dijeron a los agentes que el joven llegó bien vestido, cargando una bolsa, y dijo que había sido llamado para conversar con alumnos, para una conferencia. Así logró tener acceso al tercer piso del edificio”, donde se concentró el ataque, explicó el coronel Evandro Bezerra, portavoz del cuerpo de bomberos, a la televisión local.

Según el coronel Djalma Beltrame, de la Policía Militar, “un agente que llegó a la escuela logró herirlo (al atacante) en el intercambio de disparos, pero el hombre se mató de un disparo en la cabeza”.

Según Beltrame, agentes de policía hacían un operativo de rutina en las proximidades de la escuela cuando fueron alertados por alumnos heridos y el ruido de los disparos. “Si los policías no llegan tan rápido la tragedia, habría sido todavía mayor, porque el hombre tenía mucha munición y cargaba dos armas”, dijo.

Los heridos fueron atendidos en varios hospitales, dependiendo de la gravedad de cada caso, indicó Cortés. Algunos fueron trasladados en helicóptero a los centros asistenciales.

En América Latina un caso similar ocurrió en Argentina el 28 de septiembre de 2004, cuando un alumno de 15 años mató a balazos a tres compañeros de clase e hirió a cinco en la ciudad de Carmen de Patagones, 920 kilómetros al sur de Buenos Aires.

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