Asimple vista pareciera que todo le va color rosado (chicha) al compañero comandante pueblo presidente Daniel, pero en realidad ha tenido una mala racha en las últimas semanas.
Primero LA PRENSA le descubre que a través de la “compra” a una empresa fantasma salieron un millón de dólares que no se sabe dónde pararon y tal vez nunca sabremos, porque ni la Fiscalía, ni la Policía, ni la Contraloría están preocupados por investigar.
Aunque ese caso parece ser uno más de las múltiples corruptelas de algunos funcionarios de este gobierno, la verdad es que la desfachatez con que se hizo revela que las cosas se están saliendo de control en ese tema.
Luego viene el caso de los cheques de la Alcaldía. Ahí no solo se descubre un caso de corrupción donde se esfumaron 3.5 millones de córdobas sino que les falla el hombre de confianza de la primera dama Rosario Murillo en la comuna, don Fidel Moreno, pues la plata que supuestamente iba para los rezadores —un acto de corrupción en sí— se fue para otro lado y se demuestra que en caso de no tener nada que ver con la fuga de la plata, don Fidel tampoco es muy bueno controlándola.
Luego viene el fiasco de Miguel D’Escoto, el fiel canciller del primer gobierno del compañero comandante pueblo presidente Daniel. El presidente mandó a D’Escoto a Nueva York para defender a su benefactor Muamar Gadafi. Con eso Ortega hizo el ridículo no solo en Nicaragua sino ante el mundo entero.
De por sí Ortega ya había quedado mal siendo el único mandatario del mundo que ha respaldado al dictador genocida, pero no bastándole eso manda a su fiel edecán para representarlo en la ONU y lo envía con una carta que supuestamente enviaba el canciller libio Musa Kusa, pero en realidad este se encontraba ocupado volando hacia su exilio en Londres hastiado de servirle al tirano.
Así el excura convertido en mercenario diplomático se queda sin nombramiento ante Naciones Unidas y bajo el riesgo de ser enviado deportado a Nicaragua. Para evitarle el bochorno el Gobierno lo nombró “embajador adjunto”.
Ahora el excura podrá regresarse calladamente a Nicaragua en unos días sin pasar la vergüenza de regresar “corrido” del país que lo vio nacer y a cuya nacionalidad renunció.
Cualquiera diría que la mala racha termina ahí pero no.
Lo que hace apenas una semana parecía una apuesta temeraria de las organizaciones de la sociedad civil, la actitud del presidente la ha convertido en un fuerte golpe a su propia estrategia.
La marcha convocada hace poco por la sociedad civil ha dejado desnudo al dictador, desnudo en el terror que le tiene al rechazo que sabe existe hacia él entre la mayoría de los nicaragüenses.
En su desesperación por mostrar un fantasioso apoyo total a su candidatura, el presidente quiere evitar la menor muestra popular de rechazo.
Y en esa actitud, lo que pudo ser una marcha con poca asistencia que habría pasado sin pena ni gloria y que tal vez hasta demostraría la debilidad de la oposición organizada en Nicaragua, se ha convertido, aún sin haberse realizado todavía, en la mayor demostración de debilidad del orteguismo que se sabe usurpador, ilegítimo, incapaz, corrupto e impopular.
Cualquiera que sea el resultado de la marcha de la sociedad civil hoy, los organizadores ya lograron su objetivo, demostrar un orteguismo temeroso e inseguro.
En esta racha al “comandante” solo falta que lo orine un perro. [email protected]
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