Edwin Simeón Guzmán Mendoza, de 31 años, salió de su casa el lunes a eso de las 6:30 p.m. a bordo de su vehículo, pasó por una gasolinera de Boaco echando combustible y lo vieron enrumbarse por la carretera hacia Managua. Un familiar aseguró que Guzmán recibió una llamada a su celular y habló de encontrarse con alguien en Boaco.
Al notar que su hijo no llegaba el lunes por la noche, doña Mirtha Mendoza llamó preocupada a la Policía Nacional, pero un agente le dijo que tenía que esperar 48 horas para dar por desaparecido a Guzmán y fue hasta en la madrugada de ayer que seguramente otro policía le avisó que habían encontrado a su vástago, pero calcinado.
Es decir, los nicaragüenses siempre tenemos que escuchar la arrogancia de los agentes policiales que responden a situaciones como la anterior cuando alguien reporta la presunción de un delito. “Espere 48 horas para darlo por desaparecido”.
Guzmán, quien era profesor, efectivamente apareció, pero muerto. Y fue encontrado hasta que le reportaron a la Policía un vehículo quemado en Matagalpa. Qué ironía. Se movilizaron a ver el vehículo quemado, pero cuando reportaron la desaparición de Guzmán no les importó. Esos son los valores que se promueven ahora en la Policía del régimen dictatorial de Daniel Ortega. Un carro quemado fue más importante que la denuncia de una desesperada madre reportando la desaparición de su hijo.
Qué contrastes los de la vida en un país donde impera la injusticia, la corrupción y la dictadura de un régimen nefasto como el actual.
Si se ha desaparecido por algunas horas un hijo de un jefe policial, de un general o un coronel del Ejército, de un diputado o magistrado (empleados del régimen), no habría pasado un minuto cuando se alertarían todos los dispositivos de seguridad de la Policía Nacional y el Ejército para buscarlo. Ah, pero fue el hijo de doña Mirtha. Ella no es primera comisionada, comisionada general ni tiene esos grados rimbombantes del Ejército. Parece que doña Mirtha no es “pueblo presidente”.
Otro contraste que da rabia y desesperanza es mirar que, por ejemplo, en la capital, y donde sea, la primera comisionada Aminta Granera hace un despliegue de agentes que la cuidan. A los agentes no les importa a quién apartan y ella se ve muy orgullosa de demostrar su poder. ¿Y la petición de doña Mirtha?
También causa repulsión cuando escoltas prepotentes van apartando a los demás conductores de las vías de Managua solo porque van Granera o su jefe, el presidente de la República, Daniel Ortega. Solo ellos dos tienen un derroche de policías y recursos, impresionantes, mientras la población sigue sumergida en la inseguridad. Por otra parte, ahora en Bluefields la narcoactividad va diversificando su forma de operar, mientras las políticas de Estado frente a este flagelo son casi nulas. El régimen de Ortega sigue amasando fortunas para él y sus allegados, pero es incapaz de destinar más recursos a la seguridad ciudadana.
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