El síndrome de la desesperación que inquieta la conciencia del caudillo “liberal” y ex convicto Arnoldo Alemán, recibió una dura estocada política que lo puso al borde de perder su equilibrio emocional. Un sentimiento de frustración se apoderó de Arnoldo al enterarse que Daniel Ortega no lo designó como su compañero de fórmula en su sexta candidatura presidencial. La decisión de Daniel estuvo reñida, pues su cariño y agradecimiento lo hacía titubear entre Arnoldo y el cardenal Obando. Ambos aspirantes habían sido seleccionados minuciosamente por sobresalir en ellos una personalidad rebosante de honradez, transparencia, sinceridad, humildad y, sobre todo, por sus votos de pobreza.
Como sabemos, en una hábil jugada Ortega eligió a un tercero en discordia, con la finalidad de relajar la creciente tensión que generaba la candidatura a la vicepresidencia en disputa.
La desesperación de Arnoldo, a la par de ser evidente, lo está llevando a realizar actos cada vez más delirantes, pues lejos de consolidar su liderazgo solo consigue exacerbar el rechazo popular. La mortificación lo motiva a ofender a don Fabio Gadea, pese a su condición de valetudinario, a denunciar por supuestos delitos electorales a Maximino Rodríguez, ya que este ha motivado a que juntas directivas municipales en pleno del PLC, renuncien masivamente en apoyar al “máximo líder”. Hoy Alemán ha dejado de ser un líder para convertirse en el tonto más útil que tiene Ortega a su servicio.
Creo que Arnoldo Alemán debería dedicarse a dar cátedras de “elecciones primarias” a los partidos Demócrata y epublicano de EE. UU., tomando como modelo las “concurridas, exitosas y transparentes” elecciones primarias realizadas por el PLC en los departamentos de Managua, León, Chinandega y Masaya.
Este acto de ingratitud, como ha calificado Alemán la decisión de Ortega de no llevarlo como su compañero de fórmula, merece por lo menos un premio de consolación, poniéndolo de número uno en la lista de candidatos a diputados al Parlacen, tal como él pretendió hacerlo con el doctor Rizo, quien por fin ha demostrado tener dignidad y principios al no permitirle al capo que lo envíen al exilio partidario que constituye el Parlacen, que, como bien lo definió el Presidente de Panamá, Ricardo Martineli, “en su mayoría los diputados parlacénicos son perseguidos por los tribunales de justicia de sus respectivos países”. Por ello Alemán, que encaja de manera perfecta con la personalidad del parlamentario centroamericanista y debe estar ahí para respaldar, apoyar y promover la inmoral candidatura de la Primera Dama de Guatemala, Sandra Torres, con la misma mística con la que está apoyando la del comandante Ortega, asesorado, desde luego, por la reserva moral del Consejo Supremo Electoral, el honestísimo don Roberto Rivas Reyes, contando con la siempre oportuna bendición de Su Eminencia Reverendísima, Príncipe de la Iglesia católica y Cardenal de la paz, como bien lo llaman sus camaradas del FSLN.
A juicio de muchos, Ortega ha pagado mal a don Arnoldo, quien le allanó el camino que lo tiene en la presidencia y que le sigue apoyando para su próxima reelección inconstitucional, inmoral y descarada.
Lo sabemos, el pacto político hecho entre ambos caudillos no trajo ningún beneficio para el pueblo de Nicaragua, solamente ha servido para que un reducido grupo de zancuditos y serviles gocen de buenos salarios sin trabajar, como los magistrados de la CSJ, del CSE y de la Contraloría General de la República, etc. “La calle está dura”.
Las obras de Arnoldo han de mostrado que él es un hombre de palabra, de convicciones firmes y de lealtad inquebrantable, como solo lo puede ser “un hombre de partido” y fiel soldado de su líder el comandante Ortega. El doctor Alemán le está cumpliendo al pie de la letra cada promesa que le hizo a Ortega de: mantener la oposición dividida, de prestarle sus magistrados y contralores a fin de que tales vasallos le den pase a su reelección y se hagan de la vista gorda ante los innumerables casos de corrupción gubernamental que a diario salen a luz.
En cambio, Ortega no ha dado honor a su palabra, ya que ni siquiera le ha sobreseído definitivamente todos los juicios que aún están pendientes en su contra en los juzgados de Managua.
Daniel Ortega debería sentir vergüenza por haberse burlado de la ingenuidad del propietario del PLC, y en señal de arrepentimiento está en la obligación moral de reivindicar su honorabilidad mandándolo al Parlacen, si tomamos en cuenta que Ortega es obra de Alemán.
El autor es intelectual chontaleño.
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