La alianza que encabeza el FSLN ha presentado ante el Consejo Supremo Electoral la candidatura de Daniel Ortega a la Presidencia de la República. Todos sabemos que es una candidatura ilegal por los cuatro costados. Si el Consejo inscribe y registra definitivamente esa candidatura, estaría contraviniendo, despreciando y pisoteando la Constitución Política de la República de Nicaragua, o sea, la ley suprema de la nación.
El proceso electoral quedaría así viciado de raíz y convertiría en ilegales e ilegítimos los resultados de las elecciones generales de noviembre de 2011.
En esas circunstancias, y mientras Ortega sea candidato, los partidos de la oposición deben abstenerse de participar en el proceso electoral. Con eso no estarían dejándole el campo abierto a Ortega, como de buena o mala fe dicen algunos. Todo lo contrario. Hay una posible manera civilizada de salvar el proceso electoral y de hacerlo legal, digno y aceptable. Es la siguiente: los partidos y alianzas opositoras que piensan competir en las elecciones: la Alianza PLC-PC, que preside Arnoldo Alemán; la Alianza PLI-PAC y Pamuc, que preside Fabio Gadea; ALN, que preside Enrique Quiñónez; Apre, etc., deben de inmediato preparar un escrito dirigido a la Organización de Estados Americanos (OEA) en el que: 1) se invoque la Carta Democrática Interamericana, 2) se explique por qué la candidatura de Daniel Ortega viola la Constitución de Nicaragua, el Estado de Derecho y pone en peligro la democracia y la paz social del país, 3) que mientras Ortega no retire su candidatura, ellos se abstendrán de participar en un proceso electoral ilegal e ilegítimo, 4) que piden a la OEA que de inmediato tome cartas en el asunto para que haga valer la Carta Democrática Interamericana, y 5) que responsabilizan a la OEA de lo que suceda en Nicaragua si no actúa.
Ese mismo escrito debe presentarse también a la Unión Europea, a Estados Unidos y a la Secretaría General Iberoamericana (Segib). Es tiempo de que la OEA y todos los demás se dejen de hipocresías y demuestren con hechos que están decididos a defender la democracia y el Estado de Derecho en América Latina.
Pero para forzar a todas esas organizaciones y países a actuar en defensa de la democracia en Nicaragua, es totalmente imprescindible que la oposición —estúpidamente dividida, pero eso será tema para otro artículo—, actúe ya en la forma señalada. No hay tiempo que perder.
Si la OEA y los demás no hacen nada ahora mismo para reconducir por la senda de la legalidad el proceso electoral de Nicaragua, es iluso e irresponsable pensar que harán algo después de las elecciones. Hay que exhibir a la Organización de Estados Americanos y darle una oportunidad de reivindicarse. Hay que dar a aquellos presidentes latinoamericanos que tengan credenciales democráticas la oportunidad de demostrar que la OEA no es un club de presidentes que existe sólo para cuidarse las espaldas unos a otros.
En Nicaragua se ha sufrido demasiado y no es justo que por el capricho de Daniel Ortega se ponga en peligro la paz del país. Como ciudadano, exijo al presidente Ortega que respete la Constitución de Nicaragua y deponga su candidatura.
Al mismo tiempo demando y exijo a Arnoldo Alemán, a Fabio Gadea, a Enrique Quiñónez y a sus respectivos compañeros de fórmula, que se despojen de sus ambiciones personales, se abstengan de participar en las elecciones y procedan a actuar conforme lo aquí señalado. Si van a las elecciones mientras Ortega sea candidato, no valen excusas y explicaciones, sepan que están legitimando a un candidato ilegal y condenando a Nicaragua a una larga, asquerosa y triste dictadura. ¡Tengan dignidad, señores!
Ver en la versión impresa las páginas: 9 A