El 17 de octubre del 2007 sus restos fueron exhumados, encontrándose intactos tal como había sido sepultado el 23 de marzo de 1990.
Sus restos fueron trasladados al sarcófago, altar mayor aéreo ubicado en el mismo Tepeyac, donde llega la gente a rezar y pedir por algún favor en especial.
En el 2007 se inicia el proceso de canonización y beatificación, con autorización de la Provincia de Asís en Roma, en el cual se recogen testimonios de sanación.
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CORRESPONSAL/JINOTEGA
La misa del 21 aniversario de la muerte del padre Odorico D’Andrea fue masiva y miles de peregrinos se concentraron el domingo en la plazoleta en la salida norte del municipio de San Rafael del Norte. También asistieron a El Tepeyac y a orillas del sarcófago donde yacen los restos del fraile, los creyentes rezaron y pidieron sanar sus enfermedades.
En la Santa Eucaristía, presidida por el nuncio apostólico monseñor Henrick Josef Nowacki; el señor Obispo de Jinotega, monseñor Carlos Enrique Herrera Gutiérrez, y los sacerdotes del Clero de Jinotega, se pidió y rogó por la paz en Nicaragua.
En la misa campal se informó cómo marcha el proceso de canonización y beatificación del querido sacerdote, iniciado en el 2000. La secretaria que lleva las actas del citado proceso, Marthalina Cruz, leyó el informe.
El detalle del proceso cuenta con un total de 37 sesiones de trabajo, se ha recogido testimonios de santidad y sanación de ocho personas, entre estas los colaboradores más cercanos del venerado fraile, “proceso que avanza lento debido a la avanzada edad y enfermedades de las personas que atestiguan en la presente causa”.
Cruz dijo que se ha iniciado el proceso de revisión de tres milagros documentados, que han sido presentados ante el comité o tribunal de la causa del padre Odorico. Posteriormente se estará presentando un informe completo y se recomienda a todas las personas que tengan testimonios de milagros del Padre que los informen al tribunal de la causa, en las oficinas ubicadas en la Diócesis, los viernes.
El representante de la Santa Sede, monseñor Henryk Josef Nowacki, agradeció al Obispo de Jinotega por la invitación, porque “siempre vengo aquí lleno de fe y gran esperanza para recordar a este humilde siervo y carismático hombre de Dios, Santo de toda su vida, dedicado al evangelio de Cristo, sirviendo en silencio a la Iglesia y sus hermanos”.
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