Cartas al Director

Gobierno

“Ningún hombre es lo bastante bueno para gobernar a otro sin su consentimiento”.

 

Abraham Lincoln (1809-1865), decimosexto presidente de los Estados Unidos.  

Ejemplos edificantes

La crisis que recientemente sacudió a Egipto tuvo como desenlace la caída de tres décadas de gobierno represivo de Hosni Mubarak y se constituye en una lección para muchos países en el mundo, incluyendo Nicaragua.

Nuestro gobernante no puede esperar que el pueblo se mantenga permanentemente indiferente a la corrupción impune, a la desatención a los problemas más elementales de educación y salud, a la insistente demagogia de un par de caudillos, diputados y políticos mentirosos, a la descarada intolerancia de funcionarios petulantes como lo es el del Consejo Supremo Electoral (CSE), a continuas violaciones constitucionales por parte de él mismo, de sus jueces, magistrados, contralores y fiscales, al irrespeto e incumplimiento de las leyes, a la indiferencia de las autoridades ante los reclamos de transparencia en el ejercicio público, a escuchar sistemáticas justificaciones a yerros y hechos que afectan el interés público sin que se rectifique o se lleve a los responsables a los tribunales y a la cárcel.

Si los pueblos no soportan eternamente a un gobernante opresor, tampoco al mentiroso, al intolerante ni al prepotente, y mucho menos al que se mantiene indiferente a sus reclamos o que es incumplidor de la Constitución, leyes adjetivas y de promesas que hace en campaña.

Cuando se alcanza el gobierno por las vías democráticas, pero después se defrauda al elector con incompetencias, con violaciones a las normas y con todo tipo de ilegalidades, el gobernante provoca la legitimación de la acción en su contra.

¡Que se cuiden los gobernantes insensibles de la ira del pueblo enardecido y cansado del engaño y el irrespeto! Egipto y Libia son edificantes ejemplos de la reacción de los pueblos cuando es la opresión y la tiranía la motivación. En ambos países, el pueblo cansado pidió el fin del régimen que le oprimía. En el primer caso, las Fuerzas Armadas, institución que suele constituirse en el principal soporte de los gobiernos represivos, se sumó a los reclamos populares y no utilizó las armas en su contra.

Una cúpula militar corrupta, sin otro camino, podrá seguirle y correr la misma suerte, pero no arrastrarán el grueso de la institución militar, procedente de las entrañas de su pueblo y afectada por los mismos abusos. Puede que unos cuantos emulen la desafortunada decisión de una parte de los militares libios que mantienen el apoyo a Muammar Gaddafi, pero la gran mayoría estará al lado de su pueblo, tal como los militares egipcios que dieron la espalda al régimen de Mubarak.

 

Carlos Castillo Chavarría

Gadafi, ¿rey o un dios?

La situación de Libia es insostenible y lamentable, y presuntamente la “revolución de Libia” se desplomará. Empero, hay que ser objetivo, realista, con lo que atraviesan los libios; los cables internacionales de “derecha” expresan que Gadafi está masacrando con armas de guerra a los libios y los de “izquierda” dicen que no. Si Gadafi está masacrando al pueblo de Libia hay que visitarlo, para que cese con esa mortandad porque no tiene derecho de quitarle la vida a ningún ser humano.

Independientemente de todo, ningún gobernante del mundo o imperio mundial tiene derecho de asesinar a su pueblo por protestar cívicamente por sus reivindicaciones sociales, porque va contra los derechos humanos, ejemplo: si el pueblo de EE. UU. se sublevara cívicamente, ¿el Gobierno ordenaría que le disparen con sus armas de guerra? Al igual, ¿Fidel Castro o cualquier otro gobernante del mundo lo harían?

Seguro la sociedad a civil de Libia no quiere que Gadafi continúe gobernando por algunas irregularidades que ha estado o está cometiendo, se sienten “hastiados”. Ese es el problema cuando un solo gobernante está en el poder político militar gobernando por mucho tiempo.

¿Gadafi será que se cree dios o rey? pero dictador sí es, porque tiene más de cuarenta años de gobernar. Gadafi no es dueño de Libia.

En Libia es evidente que existe un sector de la población que apoya a Gadafi, por tanto existe una situación compartida. ¿Cómo superarla? Bueno, sentándose a conversar, conviniendo y dando pase a que el próximo gobernante de Libia sea otro y no Gadafi. Gadafi lo entiende, la prepotencia de dictador y creerse rey o dios no lo deja ver las cosas reales y claras.

No quepa duda de que los imperios mundiales, tales como EE. UU., Alemania, Rusia, Asia, etc., de alguna manera abierta o encubierta son los promotores de esta anarquía en Libia, porque unos quieren más y mejor petróleo, además de su monopolio jurisdiccional territorial, además, quieren manejar a su gusto la política de las naciones pobres y más empobrecidas. Nadie debe entrometerse en la autodeterminación de los pueblos. No sean prepotentes ni soberbios.

Que la OTAN, EE. UU. o cualquier otro imperio mundial o gobernante no se atrevan a abrir fuego contra Libia, pueden generar una nueva guerra mundial, mejor vayan donde Gadafi, dialoguen, pero también escuchen al pueblo libio, es más sano que irse a una guerra. ¿Acaso Libia es patrimonio de los EE. UU. o de cualquier otro imperio mundial? Reflexionen.

 

Bayardo Quinto Núñez

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