El título principal del Diario LA PRENSA del pasado 27/2/11, que dice: “Ortega sella zarpazo a la Constitución”, es algo que incumbe a la ciudadanía en general. Ya que con la aprobación de un congreso de un poco más de mil personas, en la Plaza de la República ahora llamada de la Revolución, inconsultamente se ha ratificado la ilegal candidatura del Presidente, que sigue violando la Constitución, pese a que él fue nominado para darle cumplimiento y no para violarla.
En la Constitución de la República, o sea la Carta Magna, están debidamente sintetizadas y codificadas las leyes que autorizados representantes del pueblo, por medio de la cámara legislativa, han aprobado como reglamento de estricto cumplimiento para dentro del Estado de Derecho efectuar la función gubernamental del Estado en general para el bienestar colectivo. Leyes que sin ninguna excepción deben cumplir gobernantes y gobernados.
Los abusos a la Carta Magna por las distintas instituciones del Estado, faltando a la ética, son de sobra conocidos, los que bien pueden llamarse también zarpazos, que de una u otra forma han rasgado gravemente la actual indefensa Constitución. Así, la Corte Suprema de Justicia, atribuyéndose omnímodos poderes, le ha dado un dañino zarpazo al Art. 147 de la misma, extendiéndose su contagio a otras instituciones estatales, incluso a la Contraloría.
Desde la posición que ocupa el susodicho candidato, que padece la enfermiza epidemia que desafortunadamente da a ciertos gobernantes el disfrute del poder; y que estando en sus distintas etapas, de abajo o de arriba, se aprovechan de las ventajas que pueden de manera específica para su autopropaganda. De esta puede verse su profusión en vías públicas, centros de enseñanza y también de cierta forma posesionándose de lugares para la misma.
Como podría decirse, se han tomado para frecuentes mítines propagandísticos el Parque Japonés, el cual fue donado de manera especial para entretenimiento de los niños por el Excmo. Embajador del Japón. Así dicho parque casi ha sido virtualmente cerrado a niños y visitantes comunes del vecindario, instalándose toldos y lo necesario para atender a la gente que traen en buses de distintos lugares, los que con gritos y música perturban al vecindario.
El parqueo de buses y toda clase de vehículos en esa angosta calle de doble vía se hace seriamente problemático, ya que se invade a veces la entrada a garajes particulares e incluso de vez en cuando en el tráfico desordenado se provocan accidentes. Además, burlándose de la vigilancia particular, la delincuencia —que día a día se acrecienta, por la desocupación y sobre todo por la falta de educación— aprovecha la ocasión para hacer sus fechorías.
Dios quiera que en la ciudadanía consciente, que gracias a Él es un alto porcentaje debido a la tradición cristiana de nuestros ancestros, dejando la apatía y el yoquepierdismo de algunos, se despierte el sentido de patria; y que a los que la denigran violando la Carta Magna, lo que, como dije al comienzo, a todos nos incumbe, cívicamente unidos y con el debido coraje patrio a su tiempo les sepamos dar el repudio que se merecen.
Que Jesús y María cubran a Nicaragua con su manto protector.
El autor es miembro comunitario
de Ciudad de Dios y Redemptor Hominis.
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