La Universidad Nacional de León, al decir de Salomón de la Selva en la Ilustre Familia es “la universidad más importante de la América Central”. Representar a dicha institución, más que prestigio es un honor que ha sido llevado con altura por una serie de hombres que dieron la vida y dedicaron su existencia por dicha casa de estudios.
Solo en el siglo pasado los nombres de Juan de Dios Vanegas y Mariano Fiallos Gil resplandecen en la memoria de los nicaragüenses, como rectores que supieron llevar con altura sus cargos. Por eso en la tradición de la casa leonesa, se ha distinguido a sus representantes con el título de “Magníficos”, recordando a Lorenzo, el florentino inmortal, que con su magnificencia y rectorado iluminó a la ciudad de la Toscana.
La toga rectoral, al mismo tiempo que implica honores, conlleva responsabilidades, la principal de ellas es la de mantener impoluto el prestigio de nuestra Alma Mater. La Autonomía Universitaria, el legado más preciado del rectorado del liberal Mariano Fiallos Gil y concedida en el gobierno de ese otro liberal, Luis Somoza Debayle, fue otorgada por el soberano para alejar la politiquería y el partidarismo de las aulas universitarias.
“Su fundamento es el de libertad de pensamiento, de cátedra y de investigación, pues es la libertad el único clima propicio para lograr lo que buscamos: la formación de una juventud capaz de enfrentarse a las dificultades de la ciencia y de la sociedad en que vivimos, de resolver sus problemas y de sentirse incorporada y responsable al destino del pueblo nicaragüense”.
El anuncio del orteguismo de nombrar como jefe de su campaña en León y la aceptación del mismo rector Guardián Vigil, de dicho cargo, más que una bofetada al prestigio de nuestra casa de estudio, constituye una infamia.
El actual Rector de la Universidad de León, doctor Róger Guardián Vigil, tiene todo el derecho de apoyar y luchar por el partido que sea de su simpatía, el ejercicio del mismo es parte fundamental de un derecho primario. Lo que el rector de la Universidad de León no puede hacer es convertir la rectoría en casa de campaña de un determinado partido político, y mucho menos cuando el candidato que apoya es el actual presidente, que violando la Constitución de la República impone su candidatura en contra de la letra expresa de la Carta Magna.
Lo que no puede hacer el doctor Gurdián es ser rector y al mismo tiempo jefe de campaña del orteguismo, al hacerlo lo que está haciendo es enlodando en el fango de la lucha partidaria la toga rectoral, que debe estar por encima de las pasiones políticas.
Su papel es el de guiar a la juventud de Nicaragua por los caminos del saber y su rol es el de ser maestro del civismo y aportar valores morales para que los jóvenes que salgan de esa institución se encuentre “revestidos de ese ideal patriótico y humano, más allá de su condición profesional”.
Jesús de Nazaret expulsó a los mercaderes del templo porque lo profanaban, porque habían hecho de la Casa de Dios un vil mercado de especias y monedas. El doctor Gurdián si se mantiene en ambos cargos, el de rector y el de jefe de campaña del orteguismo, lo que está haciendo es profanando el santuario del saber que ha sido nuestra Alma Mater, su partidarismo ofende, insulta, ultraja el quehacer intelectual, cívico, científico y técnico de nuestra casa de estudio.
Obligarlo a renunciar va a ser cosa muy difícil, ya que el orteguismo tiene copado en los principales puestos de profesores y administradores a la Universidad de León y a la mayoría de universidades que reciben fondos estatales. El doctor Gurdián podrá reírse y hacer gala de su impunidad y de su ultraje, pero de lo que no se librará es del juicio de la historia, quien juzgará los hechos con imparcialidad: mientras el liberalismo otorgó la autonomía e impuso como “primera condición que la Rectoría debería permanecer alejada de todo compromiso político partidarista y de espantar de la Universidad toda clase de politiquerías, tanto de arriba como de abajo, puesto que no es ésa la razón de ser de la Universidad”. El frentismo en su modalidad orteguista hizo de nuestra casa de estudios un centro de politiquería, intransigencia y de barbarie.
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