Totalitarismo y gobiernos autoritarios

Por Silvo Méndez Navarrete

Ninguna nación libre ha adoptado el comunismo por el deseo del pueblo manifestado en elecciones libres. Solamente aquellos países que han sido sometidos por caudillos que han llegado a presidir un gobierno, algunos por medios democráticos, otros por golpes de estado, son los que obligan a sus pueblos a aceptar la imposición de esta filosofía fracasada, causante del mayor sufrimiento humano que se tenga conocimiento, creador de una oligarquía cruel, violenta, sangrienta, inhumana.

Una minoría que se impone por la fuerza a la mayoría por medio de terror, fuerza, elecciones fraudulentas, supresión de libertad y nutriéndose de la miseria y la necesidad de un pueblo sometido. Siembran, crecen en la pobreza y las disputas, desarrollándose mejor cuando ven al pueblo perder esperanzas de una vida mejor, considerándolo así débil e inepto de gobernarse por sí mismo, requiriendo la dirección de amos fuertes y autoritarios, sometiéndolos, castigándolos, forzándolos como propiedad del Estado, funciones inhumanas de un estado totalitario.

Absorción completa de la sociedad por el estado, como también lo hizo el nazismo y el fascismo, sustentados en férreo control de los medios de comunicación y aparato represivo, policía, ejército, servicios secretos, fuerzas paramilitares, etc.; anulando la división de poderes, o, si existiere, no es una verdadera división, ya que el mismo grupo controla todo. Estado totalitario dirigido por una persona o partido único, que tras ganar adeptos y conseguir el poder, convierten al Estado en un valor absoluto, obligando a todos los habitantes a subordinarse a su poder.

En un estado totalitario, libertad de expresión es inexistente, tampoco respetan los derechos humanos que interfieran con la voluntad de los dirigentes del Estado; todas y cada una de las instituciones de cualquier tipo están controladas por ellos, utilizando doctrinas ideológicas completas, complejas, que aplicarán si es necesario por la fuerza a todos los habitantes. Como es imposible gobernar sin un mínimo apoyo del pueblo, convencen a sus seguidores que lo único verdaderamente correcto es lo que propugna el estado, utilizando carteles de propaganda, medios masivos de comunicación, seminarios proselitistas, educando a los escolares dentro de este sistema.

La intervención del estado es desmesuradamente amplia, las libertades individuales restringidas al máximo. El estado regimenta las relaciones sociales, incluyendo aquellas puramente personales; organiza la vida en sociedad y de cada persona individualmente. Un estado totalitario carece de libertad de conciencia, expresión, información, educación, política, asociación, participación independiente en la formación de la voluntad estatal, libertad económica, propiedad individual, producción, comercio.

Hay un partido único, un jefe con poderes ilimitados formidablemente amplios, constituyéndose en máxima autoridad de la maquinaria estatal; economía centralizada e ideología oficial que se impone incondicional y coercitivamente sobre todos los habitantes. Una organización policial aterrorizante, con el objeto de asegurar la efectividad de todos los restantes medios, que la población los cumpla por miedo, ya que, obviamente, la mayor parte de la población se opone a estas medidas. La vida es controlada por el estado, las libertades se mantienen únicamente cuando no interfieren con la voluntad del gobernante, características de un gobierno totalitario: las de Mussolini, Hitler, el Salazarismo, el Falangismo, la Ustasa de Croacia, la Legión del Arcángel Miguel en Rumania, las Cruces Flechadas de Hungría, etc.

Los regímenes totalitarios caen por la rebelión del pueblo, por estar en contra de los intereses y voluntad del grueso de la población. Podrán sostenerse únicamente mientras tengan una fuerza que aterrorice y obligue a la población a cumplir con los preceptos y normas enunciados por el estado, pero no podrán aplicar por siempre este sistema de fuerza. La población no es homogénea ni desea serlo: cada ser humano se realiza como tal únicamente cuando puede utilizar sus libertades, desarrollar su propia personalidad y diferenciarse en cierto grado de los demás. Y contra eso no se puede luchar…

Los que aspiran a tiranos no pueden serlo sino por medio de maldades, porque para el término de la insolencia no hay camino por el país de la virtud. ¿Quién podría decir que éstos son políticos sutiles? En verdad son los más ciegos y errados de todos, pues siguen una senda que está toda bañada en sangre.

Cualquier similitud del contenido de este escrito con la realidad nacional es pura coincidencia, pero es la intención del autor de que el lector haga su propia comparación, saque su conclusión y tome su decisión. Desecha tus deseos y tus temores y habrás arrojado a tus tiranos, pues es inevitable que quien se hace temible a su pueblo, vive en continuo miedo. Cuanto más débil sea el tirano, tanto más déspota será.

El autor es ingeniero

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