Jorge A. Toledo Aguilar

El efecto demostración

“Nunca será tarde para buscar un mundo

mejor y más nuevo, si en el empeño

ponemos coraje y esperanza”.

Alfred Tennyson

El efecto demostración es una expresión del léxico económico tomada por el campo general de la conducta humana para señalar un acontecimiento social capaz de actuar ejemplarmente en puntos contiguos o aún muy alejados. Entre más destacada sea una persona o el desarrollo de un hecho cualquiera, mayor será la fuerza de contagio que ejerce este fenómeno.

Es sicología humana elemental: interés que se aprecia en un individuo o grupo de individuos cuando están inmersos en un grupo o entorno social determinado y pretenden equiparar su nivel de consumo al del entorno o incluso al de una clase social superior, por tanto, por adquirir el mismo tipo de bienes y servicios que les suministran igual grado de bienestar. Este concepto se usa en el contexto de la economía y las finanzas públicas refiriéndose a que los individuos o familias tienden a imitar los Patrones de Consumo de otros individuos o familias que están en un nivel social o de ingresos superiores.

Así pues, uno no se explica cómo es que nos mostramos escandalizados porque el igualado del Director General de Ingresos nombra a su esposa como su asistente y que con fondos del Estado pague su fiesta de cumpleaños. La verdad es que este funcionario que se lucra desvergonzadamente y sin pudor usando los fondos del Estado no hace más que copiar los principios establecidos por el Presidente de la República que maneja a su capricho y antojo millones de dólares provenientes del acuerdo petrolero venezolano y a nadie le rinde cuentas.

Es lógico pensar que el efecto demostración contagiara a los miembros del círculo gubernamental leales al partido y a la pareja presidencial. Y como la mentira, el engaño y la falsedad son las notas predominantes de la administración del Estado; falsificar la verdad y traicionar se ha convertido en el valor preponderante que acompaña toda acción del Gobierno, desde los preparativos de una licitación hasta no enterar las retenciones de impuestos y luego reclamar su prescripción.

El Gobierno traiciona el respeto que merecen la Constitución, leyes, normas, protocolos y la lógica administrativa, financiera y presupuestaria.

¿Acaso el presidente Ortega y sus funcionarios no piensan que uno se pregunta de dónde salen todas las explicaciones rocambolescas con las que pretenden justificar sus metidas de patas… y de manos? Es que “cada ladrón juzga por su condición” como dice el adagio popular y los que creen en un Dios que le hace milagros a unos, cuando le da la gana, y deja en el lodo y el dolor a otros, es simplemente el Dios que ellos son capaces de imaginar, un Dios arbitrario y caprichoso como ellos mismos.

Porque el gobierno de Ortega está modelando una cultura de compra de conciencias, de deslealtad, de arribismo y de engaño. Nos mienten a diario y nos demuestran que la mentira produce jugosos dividendos. A nuestra juventud, y a los viejos también, el gobierno del llamado “socialismo del siglo veintiuno” nos está enseñando que el camino del éxito es la delación, el engaño y la falsedad y que el vía crucis sin fin se le otorga a quien es inocente.

La tesis de Veblen es que las clases privilegiadas utilizan el consumo ostentoso como manera de dejar claro su prestigio o su pertenencia a la clase alta. El efecto demostración, de Dusenberry, consiste en que la percepción por un individuo del consumo de los otros, especialmente si éstos son personas de prestigio o elevada renta, estimula su propio consumo. Ninguna de las tesis anteriores sugieren o indican que para lograr un status adecuado tengamos que delinquir, estafar o aprovecharnos de un puesto para obtener los beneficios que de otra forma no se podrán lograr con trabajo honesto y de acuerdo a nuestras capacidades. El presidente Ortega y sus funcionarios aplican el Efecto Demostración al revés, en su beneficio, como siempre.

Eso, sin contar que para llegar a la Asamblea Nacional, a los ministerios y embajadas, hay que aliarse con los compradores de conciencias, falsarios, desleales, arribistas, engañadores, chantajistas y torturadores de profesión.

El autor fue Auditor General del Banco Central de Nicaragua y consultor de la Superintendencia de Pensiones.

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