Pedro Joaquín Chamorro y Carlos Andrés Pérez se conocieron en San José, Costa Rica, en 1957, ambos en el exilio de sus respectivos países, perseguidos por dictaduras similares. Desde entonces sellaron una profunda amistad en torno a la causa de la democracia y las libertades públicas.
Veintiún años después Pedro Joaquín fue asesinado en Managua, víctima del régimen de Anastasio Somoza a quien combatió frontalmente toda su vida. Ante ese hecho, Carlos Andrés, siendo Presidente de Venezuela, decidió actuar moviendo cielo y tierra para reivindicar a su amigo, promoviendo el establecimiento de la democracia en Nicaragua.
Carlos Andrés hizo gestiones con mandatarios latinoamericanos y presionó al presidente Carter en Estados Unidos. También apoyó financieramente al Grupo de los Doce, cara visible del FSLN en aquellos momentos. Como dijo hace poco Sergio Ramírez, fueron cien mil dólares mensuales a lo largo de todo un año, un dineral entonces.
Al finalizar su primer período presidencial en marzo de 1979, Carlos Andrés invitó al traspaso de gobierno a la viuda de Pedro Joaquín, doña Violeta de Chamorro, y a sus hijos y, en su última noche como Presidente de Venezuela, se lamentó ante ella de no haber podido derrotar a Somoza durante su Presidencia. Pero sus gestiones quedaron hechas, y pronto dieron fruto.
Cuatro meses después cayó Somoza y subió triunfante una Junta de Gobierno en la que doña Violeta representaba los valores democráticos de Pedro Joaquín, por los que dio su vida.
Sin embargo, con el paso de los meses, la propuesta democrática fue apartada por la Dirección Nacional del FSLN que se colocó por encima de la Junta de Gobierno, hasta que doña Violeta se vio obligada a renunciar a los nueve meses, pasando a defender las libertades públicas desde LA PRENSA, ya bajo asedio sandinista.
En 1989, cuando Carlos Andrés volvió a ganar la Presidencia y el FSLN se había convertido en una dictadura clásica, Pérez no dudó en apoyar a doña Violeta tan pronto la Unión Nacional Opositora (UNO) la eligió como su candidata para enfrentar a Daniel Ortega en las elecciones de febrero de 1990.
En esta nueva ocasión no hubo dinero de por medio, pero el hecho de recibirla públicamente en Caracas al inicio de la campaña electoral fue un fuerte detonante para que nicaragüenses dentro y fuera del país tomaran en serio su candidatura, comenzaran a apoyarla, y vieran que el nuevo gobierno democrático tendría amigos en la comunidad internacional.
Con el triunfo de doña Violeta y la UNO, Carlos Andrés asumió de inmediato la seguridad personal de la Presidenta electa, en momentos en que la Policía sandinista aún debía su lealtad al FSLN. Carlos Andrés envió un contingente de escoltas venezolanos que cuidaron de doña Violeta mientras tomaba posesión de su cargo.
Tan pronto la Policía se subordinó a las nuevas autoridades democráticas, el grupo de venezolanos regresó a su país, pero Carlos Andrés continuó su apoyo reactivando de inmediato el suministro petrolero. También facilitó un importante crédito puente para que Nicaragua pudiera cancelar ante el Banco Mundial y el BID la deuda morosa que el FSLN había dejado pendiente desde 1983.
Los hechos demuestran que la amistad nacida en los años cincuenta dio frutos en el 79, pero cuando estos frutos no se convirtieron en democracia y libertad, Carlos Andrés supo reconocer el rumbo equivocado del FSLN para insistir en el compromiso original de Pedro Joaquín con las libertades públicas, hasta dejar a doña Violeta firmemente instalada en la Presidencia de Nicaragua.
Nicaragua y Venezuela son dos de los países latinoamericanos que más sufrieron regímenes dictatoriales a lo largo del siglo XX. En Venezuela, Juan Vicente Gómez y Marcos Pérez Jiménez se destacaron por su desprecio por la democracia. Igual sucedió en Nicaragua con Zelaya, Somoza y el FSLN.
No debe extrañar entonces que tanto Nicaragua como Venezuela sufran de considerable atraso y subdesarrollo cuando se les compara con países similares en tamaño y población, como Costa Rica en Centroamérica o Chile en Sudamérica.
Pero es importante destacar que durante el segundo gobierno de Carlos Andrés la democracia venezolana apoyó el establecimiento de la democracia en Nicaragua, y que ese apoyo fue siempre de pueblo a pueblo, a través de sus respectivos gobiernos, nunca para beneficiar partido político alguno y menos aún personas o familias particulares. Por eso dio frutos.
No sabemos aún dónde se enterrará Carlos Andrés. Lo que está claro es que los demócratas nicaragüenses lo recordaremos siempre como un demócrata consecuente y solidario con la lucha por la democracia de los pueblos más allá de las fronteras de su propio país, y se lo agradeceremos para eterna memoria.
El autor fue ministro de la Presidencia en el gobierno de doña Violeta.
Ver en la versión impresa las páginas: 9 A