Aún con las distancias geográficas y diferentes culturas entre Centroamérica y el Oriente Próximo, las actitudes de los pueblos ante los abusadores del poder son muy semejantes en cualquier parte del mundo. En Nicaragua hay quien ha pronosticado de manera seria que Ortega no soportaría una multitudinaria protesta durante varios días, cuyos resultados serían muy parecidos a los recientes hechos acaecidos en Túnez y Egipto, si continúa con su obsesión compulsiva de aferrarse al poder violando las elementales reglas del juego democrático como lo ha venido haciendo hasta ahora. Paradójicamente el autor de esa idea es su propio hermano, el general retirado Humberto Ortega, quien hace algún tiempo se refirió a esa situación. Es muy probable que en un país con “líderes” de poco fiar y una empresa privada más interesada en hacer negocios con el presidente Ortega y su multimillonario proyecto familiar-partidario Albanisa, que en el bienestar de la mayoría del pueblo nicaragüense viviendo en paupérrimas condiciones, difícilmente revoluciones limpias como las de Túnez y Egipto ocurran en Nicaragua.
No obstante en política nada está escrito en piedra y aunque nuestros políticos de opereta y algunos empresarios glotones se sientan muy cómodos haciendo negocios con la familia presidencial, nadie puede predecir en un país de sangre aguerrida como Nicaragua, que de pronto surjan líderes emergentes capaces de sorprender a una clase política acomodada y pactista, como hace poco sorprendieron a Mubarak en Egipto y Ben Ali en Túnez enviándolos al exilio con sendas manifestaciones populares. En el pasado aquí ya tuvimos una experiencia parecida que marco la lucha en contra del general Anastasio Somoza y fue Monimbó.
Algunos amigos al conversar sobre el tema me explicaban que en Nicaragua todavía no hay condiciones para eso, la verdad no sé de qué condiciones me hablaron, pero mientras la libra de frijoles siga subiendo de precio y la canasta básica en realidad solo es accesible para una minoría de pudientes, la reflexión del general Humberto Ortega de una enorme protesta nacional contra el hambre y la corrupción estatal se pasea aun tranquila de esquina a esquina y de semáforo en semáforo en cada calle de nuestras ciudades, mientras en las mesas vacías a la hora de comer en miles de hogares nicaragüenses, retumba el eco del hambre y la desesperanza, donde será el escenario de la revolución del hambre. Empezará con saqueos de supermercados, con bloqueos de carreteras y calles, empezará de cuadra en cuadra en cada barrio, exigiendo justicia, trabajo y comida para sus hijos o a lo mejor todos nos conformamos con la barbarie nuestra de cada día y no pasará nada, hasta dentro de diez o treinta años, cuando trabajar y comer no sean un derecho adquirido, sino un privilegio reservado para los bufones del dictador.
El autor fue diputado
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