Hugo Ramón García

Ortega no acepta la observación

Nadie duda que Daniel Ortega se opone a la presencia de los observadores internacionales para las próximas elecciones del 06 de noviembre porque simplemente teme una derrota, y sus pretensiones de perpetuarse en el poder quedarían retenidas por una avalancha de votos en su contra que le servirían de lección para no seguir aferrándose a sus insensatas ambiciones que ya fastidian a la opinión pública.

Es tiempo que Ortega entienda que el pueblo lo repudia, pues este país no está en condiciones de seguir soportando ambiguas dictaduras que nada bueno ofrecen a la paz social, destruida en su expresión por una revolución que no convence a nadie y que nació a la vida política de la República no para fortalecer los principios de esta última, sino con el afán de montar un sistema poco recomendable que no calza en la idiosincrasia nuestra.

El sandinismo-orteguista ha demostrado y sigue demostrando ser ineficiente en darle a Nicaragua rumbos provechosos; en procurarle niveles de vida que vengan a solucionar las anacrónicas situaciones en que se halla envuelta y que a lo largo del tiempo, desde aquel siniestro 19 de julio de 1979, las cosas en virtud de mejorar, se han complicado perdiéndose todo sinónimo de “esperanza” en la construcción de una sociedad que pudo haber servido de ejemplo para las demás naciones de la “América ingenua”. Nicaragua se merece una mejor suerte; un sistema justo que vele por un efectivo desenvolvimiento democrático donde el poder emane de las conciencias responsables y no de las rudas voluntades que suelen ser dóciles a los pies del poderoso.

La oposición de Nicaragua debe hacer a un lado las inmaduras diferencias, y, si a pesar de ellas todavía le quedan residuos de patriotismo y de lucha en su conciencia, tiene que cerrar filas a fin de impedir que Ortega se “salga con las suyas”.

Ortega no puede correr otra vez de candidato presidencial para otro período, ya que en este caso sus pretensiones vendrían a ser fatales a Nicaragua; a un país que como el nuestro quiere liberarse de imposiciones y de caprichos particulares. Sobre el presente tema, la Constitución Política es clara y contundente, y en su Artículo 174, numeral 4, acápite A, dice: “No podrá ser candidato a Presidente ni Vicepresidente de la República: a).- El que ejerciere o hubiere ejercido en propiedad la Presidencia de la República en cualquier tiempo del período en que se efectúa la elección para el período siguiente, ni el que la hubiere ejercido por dos períodos presidenciales”.

Y en el aspecto jurídico, en lo que atañe a la apología del delito, manifiesta: “Que los medios de comunicación que dan como un hecho la candidatura de Ortega, cometen la apología del delito, porque no puede ser candidato por mandato constitucional, ni él, ni su esposa doña Rosario, por el vínculo de afinidad que les une”. De la única manera que Daniel Ortega pueda reelegirse es mediante el fraude para lo cual tiene disponible a un Consejo Supremo Electoral parcializado, domesticado y muy “experto” en este tipo de maniobras. Con la observación legítimamente acreditada, Ortega obtendría un rechazo aplastante, ya que la conciencia de los electores es un mecanismo para expulsarlo del poder, en vista de que los dictadores están destinados a ser castigados por el tiempo y sepultarlos por la historia.

   El autor es periodista de Somoto

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