Ulises Huete Maltes

André Vesalio y el cementerio de los inocentes

Vesalio, médico belga, padre de la anatomía moderna (1514-1564), en la Medicina Renacentista (1453-1600), puso fin a mil años de tiranía, dogmas y supersticiones, incluyendo la enseñanza de la anatomía galénica; hasta ese entonces se mostraba al cadáver y se leía la anatomía del cuerpo, sin ver ni tocar vísceras, el alumno hacía uso de la imaginación al escuchar al profesor. La clave del secreto de Vesalio fue la naturaleza visual de su espíritu, que lo llevó a contradecir a sus maestros.

Vesalio vivió un glorioso periodo en el cual el aire estaba electrizado por un nuevo clima intelectual, varias fuerzas históricas se agitaban en movimiento, desaparecían los imperios y crecían las nacionalidades en Europa, florecían nuevas fes religiosas, sustituyendo la uniformidad confesional antaño impuesta por las espadas, la Reforma desencadenó guerras, con lo cual las heridas producidas por la pólvora constituían un serio problema con las armas de fuego; era la época de los Borgias y los Condottieri.

Vesalio provenía de una familia de médicos, estudió medicina en las prestigiadas universidades de Lovaina y París. Rebelde y visionario, decidió terminar con la enseñanza galénica, decidiendo que la única manera de aprender no era oír, sino ver.

Para practicar anatomía, Vesalio tuvo que robar cadáveres, en el cementerio de los Inocentes, en París, llevarse —ocultos bajo la capa— pedazos semiputrefactos de cuerpos de criminales y que una vez rociados con vinagre, para ahuyentar su olor atroz, disecaba a la luz de macilentas candelas. Más tarde Vesalio sería profesor de cirugía, en Padua, y sus enseñanzas, como su libro De humani corporis fabrica (sobre la estructura del cuerpo humano), harían entrar a los médicos al jardín soleado de la Medicina Renacentista.

Precursor de Vesalio fue Leonardo Da Vinci, quien hizo muchas disecciones, dejando 1,500 esbozos anatómicos y 7,000 páginas de notas, y acercó la ciencia y el arte, obra ésta en la que refulgieron los artistas anatómicos del Renacimiento: Verrochio, Pollaiuolo, Cellini, Rafael y Donatello.

El cementerio de los Santos Inocentes es un cementerio del centro de París, que se utilizó desde la antigüedad, siglo VIII d.C., y se cerró en 1780; fue vaciado por razones sanitarias en 1788, y se construyeron catacumbas, donde se depositaron los huesos de los muertos; hasta ahora éstas, son un atractivo turístico en París. Se nombra así pues servía a los niños “ilegítimos” de los que la gente se deshacía; empero, su nombre fue dado en memoria a los niños asesinados por Herodes en Belén, en ninguna parte estaba reunido de forma tan patética todo lo que ponía a la muerte delante de los ojos: lugar pestilente y macabro, mezcla de lo sagrado y el estremecimiento pintoresco que tanto gustó en la Edad Media; lo único que queda es la escena de “La gran muerte”, en el museo del Louvre, en París.

No se puede obviar al cirujano Paré, ni los conceptos de Medicina Interna de Paracelso, así como tampoco la obra del siquiatra suizo Johann Weyer, De Praestigiis Daemonum Incantationibus ac Venificiis , publicada en 1563, seguido del padre de la Sicología Moderna: Juan Luis Vives, quienes detuvieron la quema, en la hoguera, de un millón de brujas, por la Santa Inquisición, basado en el Código Penal de Sprenger y Kraemer con su infame Malleus Maleficarum, donde quemaron a enfermas mentales esquizofrénicas, en el aquelarre sabático, acusadas de pactos demoníacos.

Vesalio falleció en Zante viniendo de Jerusalén, fue médico de Carlos V, en España, donde fue acogido, ante las fuertes críticas de la Fábrica.

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