Ziad Majed, un profesor de la Universidad Norteamericana de París, expresó que “durante décadas, los regímenes autoritarios se mantenían gracias a la represión (…). Hoy, los regímenes tienen miedo y desean evitar a todo precio lo que ocurrió en Egipto y Túnez”, agregó.
El presidente yemení Alí Abdalá Saleh, en el poder desde hace 32 años, anunció que renunciaba a disputar un nuevo mandato, pero sin conseguir calmar a la oposición que ayer sacó a decenas de miles de manifestantes a las calles para reclamar reformas democráticas.
En Jordania, el rey Abdalá destituyó a su Primer ministro ante la presión popular que exigía su salida, pero la poderosa oposición islamista criticó la opción de su reemplazante y llamó a nuevas manifestaciones hoy.
En Siria, donde a través de las redes sociales hubo llamados a manifestaciones hoy y mañana, el presidente Bachar al Assad, que en 2000 sucedió a su padre, afirmó que quiere “continuar el cambio a nivel del Estado y de las instituciones”.
En Argelia, el presidente Abdelaziz Buteflika anunció ayer que el levantamiento del estado de urgencia, en vigor desde hace 19 años, ocurrirá “en un muy cercano futuro”.
En Marruecos, el gobierno expresó su determinación a mantener las subvenciones para los productos básicos.
Según Majed, “la simple amenaza de manifestaciones de cólera en Jordania o en Yemen tuvo más consecuencias políticas que el militantismo clásico de los últimos años”.
Majed destacó que el mundo árabe es “la única región del mundo donde los dirigentes se mantienen desde los años ‘60, y donde hay repúblicas que comienzan a tener el comportamiento de dinastías”.
Pero si el régimen del presidente Hosni Mubarak consigue aplastar la revuelta, los jefes de Estado árabes podrían verse alentados a no hacer concesiones, según los analistas.
“Creo que los países árabes reaccionarán de manera diferentes si hay un cambio de régimen en Egipto“, estimó Emile Hokayem, un analista radicado en Bahrain, del Instituto Internacional para Estudios Estratégicos.
Sophie Pommier, encargada de cursos en el Instituto de Ciencias Políticas en París, considera que “los regímenes árabes tienen dos ejemplos de gestión de la crisis: Túnez, donde el poder se derrumbó rápidamente, y Egipto”, y que “cada cual se adapta según su propio concepto” y estimó que los países más frágiles parecen ser Yemen y Jordania.
Majed considera que si “Mubarak aplasta a sus opositores, podría retrasar las reformas, pero no detener un movimiento irreversible”.
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EL CAIRO/AFP
El presidente egipcio Hosni Mubarak, blanco de una revuelta popular sin precedentes, afirmó ayer que quería dimitir pero temía que esto desatara el caos en el país, un día antes de las manifestaciones del “Día de la Salida” (hoy) en el que reclamarán su renuncia inmediata.
En una entrevista con la cadena estadounidense ABC, Mubarak, en el poder desde hace 30 años, expresó que estaba “harto de ser presidente y que le gustaría dejar el poder ahora, pero no puede, dice, por temor a que el país se hunda en el caos”. Mubarak, de 82 años, prometió el martes no presentarse a la reelección en las elecciones de septiembre.
Entretanto, las autoridades detuvieron a siete líderes del movimiento de protesta que se reunieron con el líder de la oposición, Mohamed ElBaradei.
En la plaza Tahrir, epicentro de las protestas en El Cairo, estallaron escaramuzas entre partidarios y detractores del régimen en un momento en que ya ninguna televisión difundía imágenes de lo que ocurría debido, probablemente, a las medidas de intimidación del poder.

A horas avanzadas de la noche, miles de manifestantes escuchaban discursos enardecidos contra Mubarak.
“No me gusta ver a los egipcios peleando entre ellos”, declaró Mubarak en su entrevista con la ABC, refiriéndose a los duros enfrentamientos entre partidarios y opositores desde el miércoles, con un saldo de ocho muertos y más de 830 heridos según el último balance oficial.
Mubarak aseguró haberle dicho al presidente de Estados Unidos, Barak Obama, quien lo ha presionado a mejorar la situación: “Usted no entiende la cultura egipcia y lo que pasaría si yo renuncio ahora”.
MEA CULPA
El primer ministro, Ahmed Shafiq, se disculpó por la oleada de violencia y dijo estar dispuesto a “conversar con los manifestantes” tras los choques, que el vicepresidente egipcio Omar Suleimán atribuyó a “un complot” orquestado por gente en Egipto o incluso en el extranjero. La última víctima mortal registrada fue un extranjero que murió a golpes, según testigos y fuentes médicas.
El primer ministro aseguró que ignoraba si los ataques habían sido “organizados o espontáneos” y lamentó la falta de policía para mantener la seguridad.
PERIODISTAS VÍCTIMAS
Varios periodistas extranjeros han sido víctimas de ataques, según organizaciones de defensa de la libertad de prensa y medios de comunicación. Aparentemente se les acusa de animar a los manifestantes con su cobertura de los hechos.
El portavoz de la Casa Blanca, Robert Gibbs, condenó los ataques a los comunicadores, horas después que se conoció la detención por parte del ministerio de Interior de Egipto de doce periodistas en El Cairo, entre ellos periodistas de su país.
La televisión estatal aseguró que Suleimán había entablado un diálogo con “partidos políticos y fuerzas nacionales”. Pero la opositora Coalición Nacional para el Cambio, formada por fuerzas que van de la oposición laica a los Hermanos Musulmanes, pasando por El Baradei, reiteró que sólo aceptará entablar negociaciones cuando Mubarak se retire del poder.
Durante toda la jornada y a pesar del toque de queda nocturno, cerca de la Plaza Tahrir se libraba una batalla por controlar el abastecimiento de víveres, sin los cuales se complicaría la permanencia en la explanada.
Armados con palos y piedras, los anti-Mubarak despejaron un puente cercano, donde un grupo pro-Mubarak, pertrechado con navajas, impedía la entrada de alimentos. Un civil confiscaba las bolsas que contenían agua o comida y las arrojaba al Nilo, de cuyas aguas las recogían quienes viven debajo del puente.
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