LA PRENSA/AP/BEN CURTIS
Inconformes con el anuncio del presidente de Egipto, Hosni Mubarak, de que no abandonará el poder hasta septiembre, miles de ciudadanos se reunieron ayer en la Plaza Tahrir, en El Cairo. Para su sorpresa, fueron alcanzados por simpatizantes del mandatario. Se valió de todo, desde golpes hasta caballos y camellos que sirvieron a los progubernamentales como medios de represión. El saldo final, tres muertos y más de 600 heridos. El ejército, que hasta el lunes había apoyado las multitudinarias protestas, llamó a los manifestantes a deponerlas. La peor víctima material de estos enfrentamientos no fueron las calles desbaratadas, sino el Museo de El Cairo, que aloja una riquísima historia sobre los faraones del país.