Los egipcios oran, protestan y hasta conversan con los militares que “patrullan” las calles en El Cairo. LA PRENSA/AFP/MIGUEL MEDINA

Presión occidental sobre Mubarak

Frente a la magnitud de las manifestaciones en Egipto, estadounidenses y europeos incrementaron este fin de semana la presión sobre Hosni Mubarak, su más cercano aliado en el mundo árabe, sin pedir, empero, su partida inmediata por temor a un contagio en una región en plena ebullición.

PARÍS/AFP.- Frente a la magnitud de las manifestaciones en Egipto, estadounidenses y europeos incrementaron este fin de semana la presión sobre Hosni Mubarak, su más cercano aliado en el mundo árabe, sin pedir, empero, su partida inmediata por temor a un contagio en una región en plena ebullición.

La secretaria de Estado norteamericana Hillary Clinton consideró ayer que el Presidente egipcio no había dado todavía pasos hacia la democratización de su país, y se pronunció por “una transición en orden”.

En una declaracion común el sábado, que rompe con la no injerencia reivindicada por París desde hace varios días, Francia, Alemania y Gran Bretaña se alinearon con EE.UU. para reclamar concesiones al gobierno egipcio, donde la población pide la caída del rais(jefe), en el poder desde hace cerca de 30 años. “Llamamos al presidente Mubarak a evitar a toda costa el uso de la violencia contra civiles y a los manifestantes a ejercer su derecho pacíficamente”, afirmaron Nicolas Sarkozy, Angela Merkel y David Cameron, al pedir a su homólogo “emprender un proceso de cambio”.

La posición de los estadounidenses y europeos equivale a “un apoyo al régimen” de Mubarak, dice por su parte Didier Billion, del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas (Iris). “EE.UU. está más a la ofensiva en busca de que el vapor de la olla a presión pueda salir”, añadió.

Después del discurso de El Cairo en 2009, el presidente Barack Obama había suscitado enormes esperanzas en el mundo árabe. Casi dos años más tarde es perceptible la decepción en Egipto y Jordania, los países “moderados” de la región.

Más allá del caso egipcio, para los occidentales y para varios países árabes se trata de evitar un contagio incontrolable tras la caída del tunecino Ben Alí. En la región, Kuwait y Arabia Saudita mostraron explícitamente su apoyo al Presidente egipcio. El emir de Kuwait, Sabah al Ahamd Al Sabah, afirmó que su país apoya “al Gobierno y al pueblo de Egipto”, mientras que el rey saudita Abdala expresó su solidaridad a Hosni Mubarak.

Lo que ocurrió en Túnez creó “un modelo genérico” que puede repercutir “en África, Asia, y donde los poderes represivos dominan y parecen fatigados”, señaló Pascal Boniface, director del Iris.

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