Un feroz impecable de Carlos Estrella de 3.1 entradas de un hit y ninguna carrera, garantizó la victoria del Oriental 5-4 sobre el Bóer, la noche del martes 4 de enero en la capital. La tribu no lograba salir del sótano, compartido con León, mientras observaban con telescopio cómo Granada se alejaba a seis juegos y Chinandega era líder con nueve partidos de ventaja.
A ocho juegos de concluir la temporada regular, el Bóer estaba trabado a la ofensiva, los abridores no eran una garantía y el bullpen sufría mucho, pero el nuevo sistema de competencia les mantenía las esperanzas de clasificar a los playoffs, al batallar con León por el tercer lugar.
Sin embargo, la tribu no sólo dejó en el camino a los felinos, con un cierre perfecto pasaron sobre el Oriental y quedaron a un juego de alcanzar al Chinandega.
¿Cómo fue posible? El colombiano Reynaldo Rodríguez y el ex bigleaguer dominicano Wilton Veras le dieron fortaleza a la alineación cuando cogieron el ritmo.
- Por un error involuntario, en la edición del domingo, se omitió un campeonato de León, que tiene cinco y es segundo detrás del Bóer, en el recuento de la Liga Profesional de Nicaragua en sus dos etapas:
León 5 (1957, 1958, 1960, 2005 y 2009)
Cinco Estrellas 2 (1964 y 1967)
La de 1964 fue la Serie Interamericana con la participación de Puerto Rico y Panamá
Oriental 1 (1959)
Marlboro 1 (1962)
Equipo de Panamá en liga fusionada
Chinandega 1 (2006)
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El pitcheo abridor, que tenía a Diego Sandino como único brazo confiable, sintió la inyección de los zurdos Christopher Cooper y Mario Peña.
Cooper fue un lanzador de corto recorrido en la primera mitad de la temporada, pero en un segundo aire se convirtió en un tirador más efectivo de largo recorrido, con un promedio de siete innings por apertura, mientras que Peña dejó a un lado su rol de relevista y cuando más se le necesitaba mostró su clase como abridor.
El repunte comenzó el miércoles 5 de enero en Granada, con Cooper tirando pelota de cuatro hits y dos carreras en siete entradas, mientras José Campusano impulsaba dos carreras, incluyendo la de la diferencia en el séptimo episodio.
La tribu llegó a los playoffs y le metió tres juegos en fila al Oriental, mostrándose ya como un equipo cohesionado en todas sus áreas.
El bullpen, que era el último rubro que faltaba integrarse, se volvió una fortaleza con Gustavo Martínez crecido y salvando los tres juegos de la semifinal.
En esa serie el Bóer mostró la solidez en todas sus áreas, con una blanqueada 2-0 de Diego Sandino en el primer encuentro, una capacidad de reacción en el segundo desafío para imponerse 6-5 y en el tercero el bateo se encargó de establecer diferencias claras con un triunfo 7-1.
Para la gran final, aunque Chinandega había vencido 13 de 18 veces al Bóer en la etapa regular, éste era otro equipo, tanto en su plantel como en su mentalidad.
Aún así, los Tigres de Chinandega ganaron el primero con pizarra de 7-6, dándole un poco de su propia medicina, al arrebatar el juego con un jonrón de Shawn Bowman en la séptima entrada.
El Bóer perdió una hilera de 11 victorias y el Chinandega salía de una racha de ocho derrotas.
Sin embargo, la feroz rayería de los capitalinos puso de nuevo al equipo en la senda ganadora con palizas de 12-0 y 12-1, antes de batallar 13 entradas en el cuarto juego para imponerse 3-2.
En el quinto y último desafío, los Tigres trataron de sorprender con Ricky Martínez como abridor, pero les costó seguir en la pelea por el título y el Bóer se coronó con una victoria 12-9.
Lo más sobresaliente en este demoledor repunte de la tribu fue la ofensiva, que bateó para .332 en los últimos ocho juegos de la temporada regular, luego registró .328 de promedio en la semifinal y creció a .337 en la Serie Final. Con esta rayería y una sólida defensa, el pitcheo siempre tuvo una motivación extra.
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