Por Juan Vega Gonzales*
Muchos inversionistas fracasan debido a que no invierten con un plan o no tienen claro cómo desarrollar su estrategia de inversión.
Lo primero es definir tu motivación para invertir, para lo que debes contestarte la pregunta: ¿Por qué quieres ser un inversionista?
A algunas personas las motiva un sueño o una meta que se han propuesto, otras quieren disfrutar de más tiempo libre, otras simplemente tomar el control financiero de sus vidas. Lo importante es que tengás claro el por qué quieres ser inversionista.
El segundo paso es evaluar tu situación actual. Para ello debes calcular tu nivel de riqueza.
La riqueza no se calcula solo en dinero, sino también en tiempo: cuántos meses podrías sobrevivir con los ahorros que tienes, manteniendo constante tu nivel de gastos.
Por ejemplo, si una persona tiene ahorrados C$40,000 y su gasto mensual es de C$8,000, su riqueza acumulada le alcanza para cubrir sus gastos por cinco meses (5 meses resulta de dividir los C$40,000 de ahorro entre los C$8,000 de gasto mensual).
El ejemplo es meramente ilustrativo. Cada persona debe adaptarlo a su propia situación. Tu nivel de riqueza resulta de tus decisiones y comportamientos financieros.
El tercer paso es elaborar un plan de inversión. Es necesario que adquieras educación financiera, y la mayor cantidad posible de conocimientos e información sobre la inversión en la que te quieras especializar, sus características y factores de éxito o fracaso.
Hay personas que invierten sin conocer de educación financiera y con poco o ningún conocimiento sobre la inversión que van a realizar. Esto equivale a lanzarse a la piscina sin saber nadar.
Posteriormente es necesario elaborar metas específicas, medibles, alcanzables, y con una fecha concreta de tiempo en la que tienen que lograrse.
Finalmente hay que empezar a invertir dinero. Si no inviertes dinero, no eres un inversionista.
Hay personas que toman demasiado tiempo y buscan tanto la “mejor inversión” que nunca la encuentran. Después de haber hecho “la tarea”, atrévete a dar el primer paso y empieza el emocionante y divertido proceso de inversión.
Como todo en la vida, hay que empezar con pequeños pasos. Empieza con poco dinero e invierte cerca de donde vives o en un rubro que conoces bien (tendrás mayor control y menos costos).
Probablemente cometerás errores, en el proceso de aprendizaje. Es mejor equivocarse en pequeño. Haz las adaptaciones necesarias e incrementa poco a poco el volumen de inversión. Aprendiendo a manejarlas encontrarás un nivel de riesgo confortable para ti.
Algunas personas buscan en lugares alejados “la gran oportunidad de inversión”. Si miramos con atención probablemente descubriremos que existen buenas oportunidades de inversión mucho más cerca de lo que pensamos.
Conforma tu equipo de inversión: algún mentor con experiencia en inversiones, otros inversionistas, que hayan realizado o tengan interés en realizar inversiones (y si tus ingresos lo permiten, un abogado y contador).
Busca y encontrarás a quién preguntar y a quién pedir consejo. Eso sí, cuídate de los consejos de personas que nunca han invertido (probablemente el temor los guía). Las inversiones no son riesgosas. Inversionistas con falta de conocimiento sí lo son. Les deseo un enriquecedor proceso de aprendizaje.
*El autor es director de Promifin.
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