Al haber “configurado” un inédito retra- to del porvenir del hombre, su idílico prototipo de “superhombre”, Nietzsche llegó a considerar que éste en su nuevo estado evolutivo “ya no podía ser uno más del rebaño, por lo que se le hacía imperioso dejar de adaptarse a la tradición”. Friedrich Nietzsche, abrumado por su lucha interna con su propio ego nihilista, no pudo oponer resistencia a sucumbir ante el “embrujo radical” que ha cegado a toda la humanidad durante centurias, la intolerancia expresa. Llegando a manifestarla hasta con el compositor Richard Wagner —otrora eje de inspiración del creciente pangermanismo de la época— dizque por el intolerable “yerro” de explotar motivos artísticos cristianos, la composición de Parsifal que Wagner concebiría más como un acto litúrgico para el Viernes Santo que como una ópera, ofendió hondamente la sensibilidad de Nietzsche. Paradójicamente, es muy probable que en su inconsciente yacía aún una “moralidad esclava”, esa a la que tanto aborrecía y que no le dejó aceptar que los demás también tenían el derecho tanto a la réplica como a equivocarse de ser el caso, inclusive.
Pues bien, el “epigrama humano” está escrito con tinta de fanática intolerancia asumiendo diversos rostros, a veces siendo explícita e intransigente o solapada por un tipo de símbolo de identidad religiosa, cultural, ideológica y socioeconómica. Otro típico caso de intolerancia es el de Lutero, judeófobo consumado, quien instigó a propios y extraños a aniquilarlos sistemáticamente, no puedo concebir cómo es posible que los “denominados” protestantes sientan tanta simpatía e identificación con este oscuro personaje, “Primero, sus sinagogas o iglesias deben quemarse En segundo, sus casas deben asimismo ser derribadas y destruidas En tercer lugar, deben ser privados de sus libros de oraciones y Talmudes en los que enseñan tanta idolatría, mentiras, maldiciones y blasfemias. En cuarto lugar, sus rabinos deben tener prohibido, bajo pena de muerte, enseñar jamás La furia de Dios contra ellos es tan grande que están cada vez peor Para resumirlo, estimados príncipes y nobles que tenéis judíos entre vuestras posesiones, si mi consejo no os es suficiente, buscad otro mejor para que vosotros, y todos nosotros, seamos libres de esta insoportable carga diabólica”. [ Sobre los Judíos y sus Mentiras , Martin Lutero].
Mientras que la Real Academia Española dice que tolerancia es la “acción y efecto de tolerar, es decir, sufrir, llevar con paciencia”; sin duda, basándose en su derivación etimológica, agrega: “Respeto o consideración hacia las opiniones o prácticas de los demás, aunque sean diferentes a las nuestras”. Esta sí es, sin temor a ambigüedades, la base del sentido de la tolerancia como concepto filosófico.
No cabe duda que, cuando se acaban los “argumentos” necesarios para convencer o persuadir a los interlocutores —propio de la praxis humana—, se asumen pociones de poder radicales y absolutistas, ortogonales desde cualquier punto de vista, y desde ese preciso momento el concepto de libertad se vuelve quimérico y subjetivo; es característico tratar de inducirnos a creer en los individuos insustituibles, con una especie de “predestinación” divina, así como en los monoplanteamientos ideológicos que procuran erradicar la pluralidad de pensamiento, lo cual no cabe en esta coyuntura multipolar, o peor aún es que nos presionen a adaptarnos a un modelo de convivencia exclusivista. Es pues la intolerancia religiosa una prueba intangible de mi reflexión, sin quererlo fue nuestra primera “importación ibérica”, provocando persecución; en este contexto me refiero a las prisiones ilegales, agresiones, apedreamientos, torturas, ejecución injustificada, negación de beneficios y de derechos y libertades civiles que sufrieron nuestros predecesores. Esto implicó también confiscación de bienes, destrucción de propiedades o incitamiento al odio, entre otras cosas, y si bien no es la única panacea para erradicar las secuelas de tal pandemia social, así como Voltaire, coincido en la creencia de un Ser Superior no mediatizado por las religiones.
Es tiempo de abortar prejuicios, en la práctica, “resolver de manera colectiva problemas compartidos” implica necesariamente la confrontación de ideas para establecer acciones e identificar responsabilidades en aras del beneficio común. La confrontación de ideas permite a la organización crecer y consolidarse sobre la base de la libertad.
“Nadie está más completamente esclavizado que los que equivocadamente creen estar libres”. Goethe
El autor es ingeniero agrónomo.
Ver en la versión impresa las páginas: 9 A