Arlen edenia Juárez ruega ayuda para regresar con sus dos hijos a Nicaragua. LA PRENSA/R. MORA

¿Qué pasó con este caso?

Tras más de un año de infructuosa espera y muchos padecimientos, la nicaragüense Arlen Edenia Juárez Vílchez, de 33 años, sigue varada en la Isla Mauricio, un país ubicado a 900 kilómetros de Madagascar, muy cerca de África.

Roberto Mora/CORRESPONSAL/ESTELÍ-. Tras más de un año de infructuosa espera y muchos padecimientos, la nicaragüense Arlen Edenia Juárez Vílchez, de 33 años, sigue varada en la Isla Mauricio, un país ubicado a 900 kilómetros de Madagascar, muy cerca de África.

Hace poco más de nueve años fue llevada hasta ahí por su marido, John Mario Danny Suchalimgum, un francés descendiente de africanos, con quien se casó en Estelí, en una boda que prometía un cuento de hadas, pero terminó en tragedia.

En los últimos dos años del matrimonio, el hombre “sacó las uñas” y empezó a maltratar a su esposa. Los abusos llegaron al punto de que la joven necesitó atención médica y durante un mes estuvo hospitalizada, cuenta Karelia Juárez, hermana de Arlen.

Por otro lado, Danny Suchalimgum tenía problemas de drogadicción, lo que no agradaba ni un poquito a su esposa.

Así que un día Arlen anunció que se quería separar y a manera de respuesta el francés la echó a la calle, junto a la hija mayor de la pareja, que por entonces tenía ocho años de edad.

El extranjero se quedó tranquilo en su casa con el hijo menor, un pequeño de cinco años.

EN LA CALLE

Arlen y su niña vivieron de la caridad ajena, pidiendo comida y posada, hasta que encontraron refugio en un albergue. Mientras, su familia, aquí en Nicaragua, movía cielo y tierra para intentar traerlas de vuelta.

Pero los ruegos que desde hace más de un año se han hecho al Gobierno nicaragüense a través de la Cancillería y las peticiones a diferentes organismos con fines altruistas, no han tenido éxito.

Allá sigue Arlen. Desesperada. Desea regresar a su país, huir de una nación extraña en la que se habla inglés y se paga con rupias. Quiere traerse a su hijo, pero está indocumentada y no puede acudir a una corte para reclamar su custodia.

Su hermana está indignada por el poco interés que las autoridades han puesto en este caso.

CARO

Se calcula que para poder regresar a Nicaragua, Arlen necesita más de 150 mil dólares, dinero que en definitiva no puede conseguir sola.

Sus parientes están muy preocupados por la seguridad de la joven y la del niño que se ha quedado con Danny Suchalimgum, pues, al parecer, el extranjero aún no logra salirse del mundo de las drogas.

La Red Local para las Migraciones desde la Sociedad Civil tiene conocimiento de la situación de Arlen y sus hijos y ha estado trabajando para ayudar a la familia.

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