Guatemala / ACAN-EFE
La violencia y crimen han puesto de rodillas a Guatemala sin que las acciones de las autoridades logren reducir los elevados índices de asesinatos y, sólo el viernes, se cobraron la vida de 23 personas, entre ellas seis mujeres.
La mayoría de los asesinatos fueron ejecutados por sicarios que se movilizan por las calles con absoluta impunidad, los que según las autoridades integran los “brazos armados” de los carteles del narcotráfico, crimen organizado y pandillas juveniles.
“Se han logrado reducir los índices de asesinatos en el último año, pero hay días, como el viernes, que todo se sale de control”, dijo ayer a Acan-Efe un portavoz de la Policía Nacional Civil (PNC).
El presidente Álvaro Colom atribuyó los últimos hechos de violencia a la “reacción” de los grupos criminales a las acciones que las fuerzas de seguridad realizan para combatirlos.
“Es mucha coincidencia que ocurra todo esto, justo un día después de que capturamos a un grupo de supuestos narcotraficantes ayer (jueves) en Chiquimula”, señaló el gobernante.
- Una encuesta publicada el pasado 14 de enero por un diario local, señala que la violencia e inseguridad es la principal preocupación del 71% de los guatemaltecos.
El 45% de los crímenes que ocurren a diario en el país, aseguró días atrás el presidente Álvaro Colom, están relacionados con los grupos de narcotraficantes y grupos internacionales del crimen organizado.
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Aunque los crímenes del viernes fueron cometidos en hechos y lugares diferentes, la saña e impunidad con que actuaron los asesinos fueron el común denominador.
El primero ocurrió en un complejo deportivo de un barrio popular del suroeste de la capital, en donde fueron asesinados cuatro jóvenes y heridos de gravedad 14 más, por hombres armados que les dispararon de forma indiscriminada mientras jugaban baloncesto.
Según la PNC, el móvil de ese ataque pudo haber sido “rivalidades” entre pandillas juveniles contrarias, o “ajuste de cuenta” entre grupos criminales.
Horas después, las fuerzas de seguridad reportaron el hallazgo de tres cadáveres en el interior de una vehículo, dos mujeres y un hombre, en el municipio de Masagua, en el departamento sureño de Escuintla.
CON SEÑALES DE TORTURA
Los cuerpos de las mujeres, según las autoridades, presentaban señales de torturas, heridas de bala y una de ellas tenía cinco meses de gestación.
Casi al mismo tiempo, en dos lugares distintos del sur de la capital fueron hallados los cadáveres, torturados y maniatados, de otras dos mujeres.
Más tarde, en un transitado sector del centro de la ciudad, sicarios que se transportaban en motocicletas asesinaron a dos vendedoras de teléfonos celulares y un hombre que pasaba por el lugar, y provocaron heridas de gravedad a ocho personas más.
Este hecho fue presenciado por reporteros de un diario local que con sus cámaras captaron el momento del ataque, los rostros de los agresores, las motocicletas en que huyeron y las armas que utilizaron.
Por la tarde, en una desolada carretera la población de Jalpatagua del departamento de Jutiapa, fronterizo con El Salvador, con fusiles de asalto y pistolas automáticas sicarios asesinaron a cuatro hombres que conducían por el lugar.
Mientras que en la población indígena de Santa Cruz Barillas, en el oeste del país, una enfurecida turba de unos 5,000 pobladores vapuleó, disparó y quemó vivos a tres hombres acusados de pertenecer a una banda de secuestradores.
El linchamiento ocurrió ante la mirada de los agentes de la PNC destacados en esa población, que no pudieron hacer nada para controlar a los enardecidos vecinos.
En otros hechos de violencia , también fueron asesinados a tiros dos hombres en el departamento de Quiché (noroeste) y otro en Jalapa (este).
Además, un ex agente de la PNC que purgaba una condena en una prisión del este del país, fue asesinado a tiros dentro de su celda por otro reo que aún no ha sido identificado.
NI UN SOLO DETENIDO
Hasta el momento, las fuerzas de seguridad no han logrado ninguna capturada relacionada con estos 23 asesinatos.
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