Desde su independen- cia de España, en 1821, Nicaragua se ha visto envuelta en guerras civiles. Aun en el caso de la Guerra Nacional, ésta se originó porque los mismos nicaragüenses contrataron mercenarios (llamados entonces filibusteros), que pretendieron aprovecharse de nuestro conflicto para tomar el poder, hasta llegar a la reciente guerra de los años ochenta, que fue financiada por la Unión Soviética, para el FSLN, y por los Estados Unidos, para la Resistencia Nicaragüense, pero en la práctica “se tiñó con sangre de hermanos tu glorioso pendón bicolor”.
Mi hipótesis es que tantos conflictos armados siempre han tenido su origen en la falta de respeto a las leyes; quienes han detentado el poder han manoseado y modificado las mismas de acuerdo a sus conveniencias. En menos de doscientos años se ha cambiado la Constitución en 18 ocasiones (incluyendo las tres de Zelaya y las cuatro de la dinastía de los Somoza), siempre con el afán de conservar el poder por parte de los grupos hegemónicos.
Las leyes han sido creadas precisamente para que los hombres y mujeres, controlando su natural estado salvaje, puedan convivir en paz y armonía. El ser humano es tan frágil que el acto de matar es relativamente sencillo —lo hizo Caín con una quijada de burro— y el apego a las normas establecidas es la manera de “respetar para que lo respeten”. Lo dicho por Benito Juárez de que “El respeto al Derecho ajeno es la Paz” no es más que la observación de que el irrespeto al derecho ajeno es la guerra.
En los medios de comunicación social se ha hablado de 88 violaciones a las leyes y la Constitución por parte de Daniel Ortega y quizás la peor de todas estas violaciones sería la del Artículo 147 de nuestra Constitución Política, que inhibe a cualquier ciudadano a ser Presidente de la República por más de dos períodos presidenciales. Este artículo se ha venido cumpliendo de tal manera que Antonio Lacayo no pudo ser candidato en 1996, Enrique Bolaños tuvo que renunciar un año antes a la Vicepresidencia para ser candidato en 2001, José Rizo tuvo que renunciar un año antes a la Vicepresidencia para ser candidato en 2006, lo que además le costó (aunque ilegalmente) que no pudiera ser diputado en el período actual.
Los empleados de Ortega en la Corte Suprema de Justicia (demasiado nombre para lo que allí hacen) declararon que la Constitución es inconstitucional y los empleados del Consejo Supremo Electoral (dirigido por quienes no cumplen la Ley Electoral) ya declararon estar dispuestos a aceptarlo como el candidato del FSLN. Esta es la semilla de la siguiente Guerra Civil en Nicaragua. ¿Quién en 1974 hubiera dicho que la reelección de Somoza Debayle nos iba a llevar a una guerra en 1979? ¿Quién en 1980 hubiera dicho que las confiscaciones y “al que no le guste que se vaya para Miami” nos iba a llevar a otra guerra civil? La historia reciente nos grita la lección.
Los nicaragüenses de esta generación, si queremos heredar a nuestros hijos y nietos una Nicaragua que realmente pueda progresar, debemos hacer todo cuanto de nosotros dependa para que las leyes y la Constitución se cumplan aun a costa del máximo sacrificio posible. Quienes por temor o indolencia no hagan nada por defender el Estado de Derecho estarán condenando a sus hijos y nietos a vivir (y quizás morir en) la siguiente guerra civil en Nicaragua.
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