Migdonio Blandón B.

Valores dispersos a la unidad

Este 18 de enero a 144 años del nacimien- to del insigne poeta, Príncipe de las Letras Castellanas, Rubén Darío Sarmiento, que con su luminosidad esplendente, singularmente ha enaltecido a su Nicaragua; y a la que, a pesar de sus múltiples fallas, supo definir que está hecha de vigor y de gloria. Creo que en su brillante imaginación pudo apreciar el diamante en bruto que es, viendo así a través de ella los valores dispersos de su Patria, la que recordándolo no debe defraudarlo.

Él ha sido y ha de ser siempre, no solo el faro luminoso de la hispanidad, sino específicamente, además de la gloria que es para nuestra Patria, debe ser émulo de los jóvenes de distintas generaciones, de ese jovencito de Metapa, que ahora es Ciudad Darío, quien viniendo de una humilde familia, sin medios económicos y sin estudios académicos, pasando etapas distintas llegó a una biblioteca donde nutrió su apetito de conocimiento para salir adelante.

El pueblo en general del que nuestro panida Rubén también ha dicho, hay tantos valores dispersos en que unidos valen más que una mina de diamantes, debe efectuarse una auténtica solidaridad de los mismos, para concentrarlos en un proyecto de Patria, no defraudar al insigne poeta ni a las nuevas generaciones; y con esa necesaria unidad de la que tanto se habla, el pueblo consciente pueda salvar a la Patria, haciendo vivo y patente su vigor y su gloria.

La unidad es sinónimo de bien siempre que no se adultera ni desnaturaliza. Solo hay verdadera unidad cuando hay solidaridad y de hecho sinceridad. Entre el bien y el mal no puede integrarse la unidad ni hay empatía; y tampoco como a menudo se dice que al faltar la química no puede mezclarse el agua con el aceite. La unidad verdadera es el antídoto único para la egolatría y la hipocresía y solamente con ella se erradica el nefasto mal que producen.

Dios, creador y redentor nuestro, que en su misterio trinitario es símbolo sacrosanto de la unidad, en su misericordiosa magnanimidad ha dotado a nuestra tierra geográficamente de una potencial riqueza, pero también de un acendrado individualismo, el que de manera gradual ha venido degenerando en egolatría. Apenas reconocerlo pero casi siempre a los mayormente afectados de tal síndrome con raras excepciones se les ha dejado el Gobierno.

Pero también con raras excepciones y portadores de tal afectación a los que podría llamarse que desgobiernan, ya que para puestos administrativos de responsabilidad, en vez de buscar a personas debidamente preparadas, han preferido el fanatismo y el amiguismo, siendo que al no ser los adecuados, de la independencia a la fecha, tiempo en el que por la misma razón, se han suscitado varias susodichas revoluciones, guerras intestinas y un sinnúmero de guerrillas.

Y los valores siguen dispersos y el valor y gloria de nuestra Patria en una utópica quimera. ¿Por qué tiene que ser así? ¿Por qué para salvar a nuestra Patria y el grandioso patrimonio que Dios nuestro Señor, nos ha dado para que mejorándolo lo dejemos a las futuras generaciones, por nuestro individualismo lo seguimos dilapidando?

Es tiempo de Patria, de la que todos somos parte de ella. Es nuestra madre Patria, que la memoria de nuestro Rubén Darío y sus próceres, con la ayuda de Dios nos den valor cívico necesario para que sigamos salvándola y enalteciéndola, sea la República soñada por Pedro Joaquín Chamorro Cardenal y los que también de veras la queremos. [email protected]

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