2011 por una Nicaragua más digna

Ana Lucía Álvarez

Cómo comenzamos el 2011 y cómo queremos que termine. Ésta es una pregunta fundamental que debemos hacernos los nicaragüenses.

El 2011 es un año electoral en donde la politiquería se intensifica. Tanto el partido de gobierno como la oposición, rebuscan estrategias para ganar votos, pero en ningún lado se leen estrategias claras, ya ni digamos transformadoras, de largo plazo que permitan cambiar el rumbo de nuestro país, tampoco compromisos de acciones responsables con las miles de familias nicaragüenses que sobreviven en los asentamientos. El debate político sigue girando en torno a caudillos, proyectos personales de poder y no en torno a estrategias concretas elaboradas en base a demandas de la población.

Comenzamos el 2011 con una gran proliferación de niños trabajadores, en su mayoría en los semáforos vendiendo chicles, limpiando vidrios. María Mercedes (10 años) y el “Chocoyo” (12 años), dos niños amigos míos, que por la injusticia de sus circunstancias se ven obligados a trabajar haciendo malabares, me comentan que ninguno de los dos ha podido terminar 1er. grado. “Hemos repetido dos veces”, dicen. La primera por la delincuencia del lugar donde vivían que los obligó a mudarse antes de terminar el año, y la segunda por haber sido evacuados a un albergue por las lluvias. Ésta es una historia que se repite en miles de niños de nuestro país, historia que no puede seguir siendo tolerada. No podemos permitir que a nuestros niños se les sigan negando sus derechos y oportunidades.

Comenzamos el 2011 con miles de personas que luchan diariamente para sobrevivir en los asentamientos. Al contrario de la mayoría de países de Latinoamérica, nuestros asentamientos no quedan en la periferia, sino que están entremezclados en las ciudades, es decir los vemos a diario, pero son igual de invisibilizados.

Según Defensa Civil, comenzamos el 2011 con 9,743 personas que están todavía “viviendo” en los albergues. Después de cuatro meses pasadas las lluvias no existe respuesta sobre cuánto tiempo más van a estar las familias en incertidumbre. El Gobierno habla de construirles 4,300 casas a los albergados, lo cual es positivo, sin embargo no suficiente. Es preocupante la falta de una respuesta clara de largo plazo por parte de las autoridades para reducir la vulnerabilidad de las familias que todos los años son afectadas por las lluvias.

Comenzamos el 2011 con más de lo mismo. En Nicaragua urgen transformaciones estructurales, políticas públicas pertinentes, focalizadas y direccionadas en reivindicar los Derechos Humanos de las millones de personas que sobreviven en condiciones indignantes.

Contrario a lo que dice el discurso oficialista, comenzamos el 2011 sin variaciones transcendentales en las asignaciones del gasto público. Una gran parte del mismo se va en gasto constitucional, pago de la deuda pública interna y gasto tributario en exoneraciones, según el IEEPP este último equivale entre el 5 y 7 por ciento del PIB, por lo que dejamos de percibir solo por esta partida aproximadamente USD 315 millones que deberían estar siendo destinados a educación, salud y viviendas.

Comenzamos el 2011 con el anuncio de la UNAN “solamente el 2.33 por ciento del total de jóvenes que presentaron el examen de Matemáticas lo aprobaron”. En Nicaragua gastamos apenas el 4.9 por ciento del PIB en educación, claramente la educación no es ni ha sido una prioridad.

Comenzamos el 2011 con una realidad inadmisible. Necesitamos urgentemente luchar por una reestructuración y redireccionamiento del gasto público hacia lo social, necesitamos que la salud, educación, vivienda sean prioridad, trascender el asistencialismo, que el gasto público vaya a programas vinculados a estrategias claras, multisectoriales, a acciones planificadas, combinadas con reformas tributarias progresivas para que se puedan hacer avances en disminución de la pobreza.

Nuestro contexto nos llama a que desde el sector de la sociedad donde nos encontremos, campesinos, organizaciones barriales, universitarios, empresarios, organizaciones civiles, partidos políticos, tomemos acción. Nuestra realidad nos insta a que hagamos ejercicio de nuestra ciudadanía movidos por la convicción que una Nicaragua distinta es necesaria y posible. Esta situación nos hace constantes cuestionamientos, nos llama a buscar y generar oportunidades. Hoy más que nunca debemos trabajar juntos por la justicia.

A los jóvenes la injusticia en Nicaragua nos llama a formarnos integralmente, pero sobre todo a ser profesionales útiles para nuestro país, a preocuparnos por ser jóvenes con conocimientos técnicos, y sobre todo contextualizados, con plena convicción que es necesario poner nuestras capacidades y oportunidades al servicio de quienes como sociedad hemos excluido. Hoy los asentamientos nos exigen que trabajemos juntos para que se hagan transformaciones de fondo, ya que solamente así vamos a poder decir que estamos reconociendo la dignidad de todas aquellas familias que actualmente están viviendo en condiciones indignas. No podemos descansar hasta que la realidad que se nos plantee al finalizar el 2011 sea más digna y más justa.

El objetivo de estas reformas no es liberar la “mano invisible” del mercado, sino afianzar el puño cerrado de los Castro. No hay que ser economista para apreciar que rellenar encendedores desechables, por ejemplo, no va a contribuir en ninguna medida al desarrollo económico.

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