Desde hace algunos años hemos venido observando en Managua —y posiblemente en los departamentos— que ladrones sin escrúpulos, sin Dios ni moral, roban las tapas de los manjoles para vender el hierro y lucrarse de ello sin importarles en absoluto las consecuencias fatales que estos actos pueden traer. Es realmente alarmante la sangre fría que tienen estos maleantes que —desprovistos totalmente de un ápice de humanidad— con tal de llevar a cabo su infame propósito de robar “les vale” que un ser humano caiga en estos profundos hoyos, se ahogue y muera, sobre todo al transitar en horas de la noche.
Preguntando a algunos vecinos que tienen enfrente uno de estos manjoles, si alguna vez alguien ha caído en él, unos me respondieron que una mujer; otros me dijeron que un niño de cinco años; otros terceros me contestaron que un gato y un perro también se habían hundido.
Todos recordamos que antes del terremoto los peatones podían caminar perfectamente por las aceras de la ciudad, ya que eran anchas y transitables; no así ahora que nos vemos obligados a andar en plena calle en el pavimento o adoquinado, exponiéndonos siempre a ser atropellados en cualquier momento por un vehículo, ya que ahora Managua no cuenta con aceras apropiadas porque son demasiado pequeñas o están llenas de baches muchas de ellas; otras tienen ladrillos hundidos y la mayoría cuenta con árboles de troncos tan gruesos, que se hace necesario bajarse a cada instante de la acera para caminar en la cuneta, donde también se encuentran alcantarillados sin tapa —que igualmente se han llevado los ladrones— motivo por el cual debemos también bajarnos una y otra vez de la acera por tantos tropiezos; pero no bastando con todos estos inconvenientes para llegar a nuestros hogares, también nos encontramos con grandes rampas que comienzan desde la cuneta de algunas casas hasta la entrada al garaje de la misma, cubriendo todo el ancho de la acera impidiendo nuestro paso. Todos estos obstáculos los sufrimos de día y si es por la noche el peligro es inminente debido a la oscuridad por la pobreza del alumbrado eléctrico de muchas calles de Managua, lo cual nos impide percatarnos del inmenso hoyo del manjol.
Pero los ladrones, no contentos con apropiarse de las tapas de manjoles y alcantarillado, se llevan también las tapaderas de los medidores de agua colocados en las aceras de las casas, lo que igualmente ocasiona caídas fatales a los peatones.
Se hace necesario que exista vigilancia policial para proteger a la ciudadanía. Recuerdo que cuando era una niña, antes del terremoto, de vez en cuando se encontraba con policías vigilando las calles; pero desde hace muchos años no sabemos dónde están, pues jamás vemos a ninguno, mucho menos de noche y esto es tan auténtico, que infinidad de personas se quejan de lo mismo.
Por todo lo anterior, es urgentísimo que la Alcaldía —en combinación con la policía— tome cartas en el asunto evitando en primer lugar que continúen estos robos, si es que todavía queda algún manjol en buen estado, y construya nuevas tapas con soldaduras internas o pernos soldados que impidan estos robos.
Y mientras efectúan dichos trabajos, estas entidades deberían recomendar a los ciudadanos —por volantes, por televisión o cualquier otro medio— que introduzcan grandes ramas de árboles o cualquier desecho que sirva de señal intransitable para evitar accidentes y muertes. Es increíble que a estas instituciones no se les haya ocurrido jamás poner coto a estos desmanes, solucionando un problema que atenta contra la vida y seguridad de todos. [email protected]
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