“Si el pueblo está en el poder pero el pueblo quiere un cambio de poder ¿por qué el pueblo en el poder no le da el poder al pueblo?”
B. Brecht
La reiterada negativa a que haya observación electoral nacional e internacional por el propio Presidente de la República y voceros del Consejo Supremo Electoral (CSE), es una pésima señal a los nicaragüenses. Intentan sustituir dicha figura por la inexistente del “acompañamiento”, lo que significa simplemente que ya el fraude institucional está debidamente organizado y quienes detentan el poder no quieren correr ningún riesgo de que se evidencie la burla de la voluntad popular. Si hay algo a lo que teme Daniel Ortega, más que a las armas, es a que el pueblo sufrague en base a su conciencia, en condiciones como las definidas en la propia Constitución Política (Arto. 2 Cn.) y en la Carta Democrática de la Organización de los Estados Americanos (OEA, Capítulo I Artos. 1 al 6), en otras palabras a respetar la voluntad mayoritaria de los ciudadanos.
El Capítulo V de la Carta Democrática referido a la democracia y las misiones de observación electoral en su artículo 23 establece meridianamente que “los Estados Miembros son los responsables de organizar, llevar a cabo y garantizar procesos electorales libres y justos”.
Las Misiones de Observación (MOE) de la OEA han realizado más de 150 observaciones en el continente, incluyendo las elecciones que le dieron el triunfo a Ortega en el 2006. Y no hubo cuestionamiento alguno a su presencia conjuntamente con misiones de la Unión Europea, Centro Carter y organizaciones como IPADE y Ética y Transparencia. ¿Por qué ahora esa resistencia a ser observados utilizando argumentos simplistas como ése de que “ya somos maduros” o que “ya estamos grandes”? Solo hay una simple explicación y se llama ambición por el poder, fraude, deseos de perpetuación. Pretender que el poder no se pone en juego o que por el poder no se compite es propio de caudillos retrógrados que se consideran iluminados o en el peor de los casos, ungidos de Dios. Hemos visto tantos casos de esas mentes afiebradas que terminan siendo expulsadas de las páginas de la historia al oponerse a la marcha inexorable de la libertad y de la democracia.
Por otro lado este país es tan original que el actual presidente quiere correr como candidato violando la Constitución y, además, imponiendo él mismo las reglas del juego y a los jueces que ya sabemos qué representan. Juez y parte de un proceso del que, quien debía garantizar su imparcialidad y transparencia sería él mismo, si fuese un estadista de convicciones democráticas. Pero aquí es a la inversa, el titular del Ejecutivo quiere continuar en el Poder Ejecutivo, corriendo como candidato en unas elecciones sin observación electoral nacional y menos internacional, con los magistrados golpistas que se robaron descaradamente las elecciones municipales de noviembre del 2008. Y todo ello en nombre del “pueblo presidente”.
Nicaragua es uno de los Estados Miembro de la OEA, somos firmantes de su Carta Constitutiva y de la Carta Democrática Interamericana que nos obliga a cursar las invitaciones que correspondan a los organismos y Estados que quieran participar observando las elecciones generales de noviembre de este año, a no ser que se quieran ocultar propósitos alejados de los valores de la democracia y de nuestra propia libertad.
Un elemento común que debería concitar la suma de esfuerzos de los partidos y movimientos políticos debería ser éste: garantizar que no se nos niegue el derecho a contar con observación electoral tanto nacional como internacional, debidamente acreditada.
Daniel Ortega, actual Presidente hasta enero 2012, no puede seguirse burlando de los nicaragüenses.
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