El sandinismo ataca al somocismo por sus “vicios”, pero los mismos abusos comete el partido rojinegro con los recursos del Estado. El somozato incurría en maniobras censurables, pero eso no justifica que el sandinismo repita lo mismo, “olvidándose” de aquel precepto bíblico, contenido en el pasaje de San Mateo, Capítulo 7. Versículo del 1 al 5: “No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os serás medido. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano”.
¿No es vicio, acaso, el nepotismo familiar que practica el sandinismo cuando muchos delegados de oficina ubican a sus parientes en cargos gubernamentales, en muchos casos cayendo en el extremo de inventar plazas de trabajo para favorecerlos? ¿No es abuso acaso, usar públicamente los vehículos del Estado con propósitos personales, y más aún, ocuparlos los fines de semana para salir a parrandear amparándose en el poder temporal?
¿No es vicio tener preferencia en los cargos públicos, además de los familiares cercanos, para “amigos” de confianza, a quienes no se les exige mayores conceptos académicos a como lo hacen en el gobierno sandinista la mayoría de delegados de oficina? No es mi intención, absolver de culpas al somocismo, porque perfectamente sin que nadie me lo recomiende, entiendo que cometió vicios, y abusos, pero sobre este aspecto los sandinistas que tienen el poder no deberían ser aplastantes en cuestionar a los mismos somocistas, porque unos y otros se han vuelto aliados de todo lo que se llama corrupción, y sus derivados.
El somocismo es un capítulo que ya desapareció de la historia, y no tiene sentido, mucho menos justificación, que el sandinismo-orteguista siga con la necedad de querer resucitar muertos, y si se aferra a continuar haciéndolo, es porque encuentra en el somozato una cartilla de “enseñanza” para darle seguimiento a los métodos de gobernar que usaba el dictador de la West-Point. Con la llegada de los sandinistas al poder, el 19 de julio de 1979, francamente se pensó que a Nicaragua le venían “buenos tiempos”, a pesar de haber roto el pacto original de San José de Costa Rica, muy conocido por todos, habiendo siempre una oportunidad para enmendar desaciertos, pero los sandinistas-orteguistas no entienden de rectificar errores, y en virtud de superarlos, más se hunden en ellos.
Es de esperarse que en este año electoral, los sandinista-orteguistas pongan en función sus acostumbradas zalamerías para “impresionar” a la población votante, pero ya nadie puede dejarse llevar por el engaño, y la mentira, porque se sobreentiende que es parte de la política farsante que se usa en este país con marcadas intenciones. Ya es tiempo que la comunidad electoral no siga siendo objeto de tanta traición; que eche una mirada al pasado, es decir, a la diabólica década de los años ochenta, cuando a Nicaragua entera la bañaron de sangre imponiendo leyes carnívoras que llevaron a la juventud a un holocausto innecesario.
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