Mucho se critica entre la ciudadanía a los políticos por sus pleitos interminables. Pero sobre todo a los de la oposición, que son los que ventilan sus diferencias en público, a diferencia del FSLN que por ser un partido vertical no democrático no admite en su seno discrepancias de ninguna clase. Por sus disputas de nunca acabar, los políticos tienen un gran descrédito social, según las encuestas y las opiniones sobre este tema que con frecuencia expresan columnistas de periódicos, opinantes de televisión, analistas políticos y representantes de las organizaciones de la sociedad civil.
En realidad, a los políticos se les critica severamente porque dedican todos o la mayor parte de su tiempo y sus esfuerzos, a descalificarse unos a otros, a insultarse, difamarse e injuriarse mutuamente, y muy poco o nada se preocupan por dar respuestas y soluciones a los problemas de la gente.
Pero lo malo no es que los políticos se peleen entre ellos, lo cual es inevitable. Lo malo es la desmesura de los pleitos de los políticos. Lo malo es que sus disputas y ataques recíprocos sean su única o principal actividad, y que menosprecien el aspecto más importante de la política, cual es el de atender los problemas, intereses y aspiraciones de los ciudadanos y la sociedad, y procurar su solución.
De acuerdo con lo que enseñan las ciencias políticas y sociales, objetivamente la política tiene un doble carácter. Por una parte la política es agonal, lo cual, según el Diccionario de la Real Academia Española (RAE), significa combate o lucha: “Perteneciente o relativo a los certámenes, luchas y juegos públicos, tanto corporales como de ingenio”.
El sentido agonal de la política se manifiesta en la lucha permanente, sin tregua y muchas veces feroz, que libran las personas que se dedican a ella en el afán de conquistar el poder, o al menos para conseguir cargos públicos que llaman “cuotas de poder”. En esta lucha, los políticos de un partido no sólo pelean contra los del bando contrario, sino también entre ellos mismos, sobre todo porque en las listas de candidaturas y de distribución de cargos todos quieren ocupar los primeros lugares y los de mayor influencia y beneficios, pero los puestos y oportunidades disponibles no alcanzan para todos.
Todo eso es normal y propio de la política y de los políticos. Lo anormal es que exageren sus disputas y que no atiendan el otro aspecto fundamental de la política, que los científicos políticos llaman dimensión “arquitectónica”. Éste es el aspecto programático y propositivo de la política, que se manifiesta en la elaboración y presentación de proyectos económicos y sociales, para su ejecución cuando se tiene el poder político o para impulsarlos desde los cargos de participación estatal.
Maurice Duverger, eminente politólogo francés e internacional, explica que desde que existe la política los hombres se han movido entre dos campos opuestos: uno es la búsqueda del orden y la justicia, asignándole al poder público la función de proteger el interés general y el bien común, ante las presiones, las ambiciones, las demandas y reivindicaciones particulares. Y el otro es la lucha que libran las personas que se dedican a la política, para conquistar el poder o participar en él y disfrutar las muchas ventajas que de eso se derivan.
Por su parte el profesor argentino de ciencias políticas, Gabriel M. Astarloa, indica que “lo más corriente es que en un mismo hecho se encuentren presentes estos dos aspectos (el agonal y el arquitectónico) que son parte inherente de la política”. Añade que “en la complementación de ambas fases se configura, precisamente, la llamada política plenaria, que supone siempre un adecuado balance entre una y otra”. Y advierte el politólogo argentino que “cuando no existe lucha por el poder, se corre el riesgo de estancamiento y fosilización; pero cuando la política se reduce solo a lo agonal, se desnaturaliza el servicio al bien común que define a esta noble actividad”.
Evidentemente esto último es lo que ocurre en Nicaragua, donde, además, a la falta de equilibrio entre las dimensiones agonal y arquitectónica de la política y la desmesura de los pleitos de los políticos, se suma su bajo nivel intelectual y cultural. Lo cual dificulta enormemente a los políticos opositores, ponerse de acuerdo inclusive en algo tan apremiante como es la salvación de lo queda de libertad y democracia.
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