Ruleta rusa

Por Leónidas Arévalo Sándigo

Carlos Andrés Pérez y Anastasio Somoza Debayle, dos actores políticos diametralmente opuestos, pero ligados, curiosamente, por circunstancias que desconciertan, a un destino común, que se va concatenando en muchos aspectos desde el principio, cuando ambos no concluyeron el segundo gobierno y al final arrojados del poder, tuvieron que partir vergonzosamente al exilio.

Estos Presidentes no ocultaron su enemistad, que gradualmente creció hasta convertirse en odio visceral. Las razones abundaron. Así que el venezolano se congratuló cuando Somoza abandonó derrotado militarmente el país y la revolución que apoyó con dinero y armas, se alzó con el poder.

Somoza en julio de 1979 salió precipitadamente de Managua, mientras las balas silbaban por todos los costados y se asiló por horas en Miami, para radicarse después en Paraguay, hasta su muerte brutal. Sus restos quedaron en Miami.

El presidente Pérez concluyó en 1979 su primer gobierno, entregó a su sucesor y se quedó en su propio país. En 1989 regresó de nuevo a la Presidencia y en el mes de agosto de 1993, el Congreso lo destituyó bajo cargos de corrupción. Abandonó después Venezuela y se asiló en Miami.

Somoza durante años y antes de su caída, sorteó violentamente a la guerrilla y aquel desastre se convirtió en una guerra civil sangrienta y espantosa. Se hallaba a la mitad del segundo período de Gobierno. Lo sustituyó provisoriamente un Gobierno de Reconstrucción Nacional con Daniel Ortega a la cabeza.

Pérez, al igual, en su segundo período y apenas iniciándose, enfrentó sin piedad con el ejército a miles de ciudadanos que en las calles de Caracas protestaban por las rigurosas medidas económicas que su gobierno había dictado. La convulsión del principio se convirtió en el transcurso de las horas en una verdadera insurrección popular, que rebasó la capacidad de la policía por contenerla. El ejército intervino y aplastó a pura metralla la asonada. Los muertos aún no se contabilizan. Aquel episodio doloroso, la historia lo registra como el “caracazo”.

Pero aún antes a su destitución, Carlos Andrés Pérez enfrentó en 1992, dos golpes de estado que intentó sin éxito, el militar Hugo Chávez, ahora Presidente.

Al final, la historia en su oportunidad tendrá que juzgarlos, pero Carlos Andrés Pérez y Anastasio Somoza, dejaron en Venezuela y en Nicaragua, una herencia política nefasta. Un legado desafortunado que propició el nacimiento de dos engendros, los que por ahora, desde la Presidencia, mantienen en zozobra y sin sentido común a sus respectivos países.

Carlos Andrés Pérez cometió el mismo error de Somoza, regresar de nuevo a la Presidencia, a sabiendas que le esperaba la ruina. Y no tardó en averiguarlo. ¿Qué los llevó entonces al abismo? La locura y la torpeza. Se perdieron en el camino angosto y oscuro, que otros gobernantes ya habían transitado y sucumbieron atrapados en la telaraña que tejieron día a día, cuando se aferraron obstinadamente al poder.

Al parecer esta maldición nunca acabará, pues vendrán otros gobernantes paridos en la misma circunstancia y se arruinarán igualmente. El poder seduce y demuele sin piedad en algún momento. Este macabro juego parecido a la ruleta rusa ha tenido hasta ahora éxito en hombres como Daniel Ortega y Hugo Chávez, que van camino a la ruina y terminar sus días en el duro y desconsolado exilio.

COMENTARIOS

  1. lanueva357
    Hace 16 años

    A estas alturas me pregunto si habrá algún pais dispuesto a brindarles asilo a estos engendros? La palabra exilio es muy piadosa aún para aquellos con solo medio dedo de frente.

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