Algunos barrios de Managua se están enfrentando desde hace varios días a un desabastecimiento total de agua, lo que ha provocado el descontento de sus pobladores, que se ven obligados a buscar el líquido en barrios vecinos.
En zonas como el barrio Naciones Unidas ha dejado de llegar el agua desde hace un par de semanas, pero el recibo de 80 o 60 córdobas llega puntual todos los meses; una cantidad que muchos se han negado a pagar hasta que el abastecimiento de agua se normalice. Algunos habitantes incluso denunciaron que trabajadores de Enacal los amenazaron que si no pagaban los recibos les iban a bloquear el acceso al tubo principal.
Maritza Tellería, responsable de comunicación de Enacal, aseguró que sí se está dando el abastecimiento de agua en todos los barrios, pero que en algunos el agua llega “por poco tiempo”. También señaló que estamos en una época seca y que los barrios que están en terrenos altos siempre tienen este tipo de problemas en este tiempo.
Liseth López lava un balde de pañales sucios de su hijo, los que tuvo que guardar por dos días. Con un solo balde de agua “lavó” varios pañales, unas camisetitas y unos cuantos pantaloncitos de su bebé. Según ella, ha tenido que economizar el agua, aunque la ropa no le quede tan limpia, pues no sabe cuándo volverá a llenar los dos baldes y la tina junto al lavandero.
“Un balde lo tengo que estirar lavando un montón de ropa; a los pañales más que todo lo que hago es que les quito el orín. Estos pañales no los había podido lavar, no porque sea chancha, sino porque no me querían regalar agua”, explicó López, mientras tiende la ropa en los alambres del patio.
HAY QUE ACARREARLA

La casa de López, donde en total viven diez personas, está ubicada en una calle de tierra en el barrio Naciones Unidas de la capital. Al igual que ella, sus vecinos se quejan de la falta de agua. Para poder tomar, bañarse o hacer la limpieza, se tienen que colgar de la buena voluntad de los vecinos de las otras calles, que por estar asentados en terreno más bajo han tenido la suerte de recibir el agua.
Para lavar los pañales, López acarreó agua desde una cuadra de su casa, ahí consiguió solamente cuatro baldes y todavía tiene que guardar para bañarse.
Su sobrina fue a la otra esquina para acarrear otros cuatro baldes que tendrán que abastecer la necesidad de agua del resto de la familia.
“Nos toca andar buscando por diferentes puntos. A veces por lo menos nos dan un barril, sólo eso y ya no nos regalan más”, indicó la mujer, quien también se quejó de que hace un par de días llegó el recibo de Enacal avisándole que tenía que pagar 80 córdobas por un servicio que recibe a medias.
Con suerte, es decir en tiempos de invierno, el agua puede llegar hasta dos horas. Pero para recogerla deben madrugar, pues para lograr llenar dos baldes con el escuálido chorro que sale, la mamá de Lisbeth tiene que levantarse a las 12:00 de la noche o a la 1:00 de la madrugada.
Esa suerte no la ha tenido Rolando García, quien vive a las dos casas; él tiene cuatro meses de haberse mudado al barrio y nunca ha visto salir un chorro de agua de las tuberías que están en su patio.
AGUA COMUNAL

Desde una esquina del Reparto Schick, Janeth Montalbán hala una carretilla con dos barriles de agua que llegó a llenar en una pileta de la que se abastece una parte del barrio, más otras casas del barrio Germán Pomares.
Janeth vive en la zona de la cancha y a su casa ayer no llegó el agua. Desde diciembre el líquido vital llega a las cuatro o cinco de la mañana, aunque últimamente hay que levantarse a la una de la madrugada para recoger un poco.
“Logramos recoger como dos barriles, a veces solo logramos recoger la de tomar”, señaló Montalbán.
De esa pileta de la que lleva el agua esta joven, también se abastece doña Zayda Urbina. Según ella, hasta hace algunos años la fuente de agua donde a cada momento acuden personas con baldes, era un hidrante que se vieron en la necesidad de transformar.
“Tuvimos que recoger todo el (Germán) Pomares para hacer esta pileta, porque ahí era un hidrante. Entonces nosotros anduvimos en todo el barrio y todo el barrio cooperó. Ahora aquí viene toda la gente a coger agua”, explicó doña Zayda.
Pero las acciones que tomó esta gente provocaron el descontento de la empresa aguadora, que en una ocasión se hizo acompañar de efectivos policiales para querer cerrarles su pileta. Pero tal como explicó doña Zayda “todo el barrio se levantó” y ahora incluso planean construirle una tapa de concreto para evitar que el agua se ensucie.
HAY QUE PAGAR
A Maura Castro lo que le preocupa es que dentro de poco sus hijos tendrán que bañarse temprano para ir a la escuela, pero a su casa, ubicada en el barrio José Dolores Estrada, ya no llega el agua desde hace dos semanas.
“Nosotros vamos a pedir a otro barrio, porque la gente de aquí con costo recoge para ellos, entonces buscamos una camioneta y le pagamos el combustible para que nos traigan el agua”, se queja Castro, para quien esta manera de abastecerse de agua significa un gasto extra que no está dentro de su presupuesto.
Massiel Palacios, por su parte, dice que cuando le toca lavar la ropa tiene que llevarla a otro barrio, en la casa de algún familiar, donde no se corte tanto el servicio de agua potable.
¿QUIÉN DICE LA VERDAD?
Maritza Tellería, responsable de comunicación de Enacal, justificó el desabastecimiento de agua aduciendo que estos barrios sí reciben el servicio, pero por poco tiempo. Por otro lado, desestimó la versión brindada por los pobladores.
“Pero cómo vas a creer que sea una cosa así, que tengan dos semanas que no les llegue. Tenés que estar consciente de que la gente te dice mentiras. El agua les debe de llegar, pero no que tienen dos semanas de que no les llega”, expresó Tellería.
Según ella, estamos en temporada seca y los barrios que están en la parte alta tienen problemas de abastecimiento. Esto se debe a que en la parte baja hay más demanda de lo normal, porque la gente empieza a regar las calles, los jardines y se baña más de una vez al día. También dijo que aunque venga la energía, los pozos tienen que bombear el agua para los tanques y después distribuirla. Un proceso que puede durar varias horas.
Mientras eso sucede, Liseth López tiene que seguir economizando el agua con la que lava los pañales de su hijo, a ver si le ajusta para luego bañarse.
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