Por Carlos Fernández Roque
Con todo el conocimiento científico que existe hoy es una obcecación a ultranzas desconocer los resultados de las encuestas. No hay peor ciego que el que no quiere ver.
Don Fabio Gadea es un buen hombre y todos apreciamos a “Pancho Madrigal”, a Carlos Mejía, a Denis Martínez, a Gioconda Belli, Vicente Padilla, etc. Pero para escoger Presidente es obvio que la mayoría de los nicaragüenses tenemos ahora —después de malas experiencias— un estándar más exigente.
Gadea marcó un 25 por ciento en las encuestas después de haber salido a luz como candidato a fines de septiembre. Eduardo Montealegre declinó de su aspiración presidencial y a los dos días anunció que había convencido a don Fabio para que fuera el “candidato de consenso”. A inicios de noviembre don Fabio marcó 17 por ciento, ahora en diciembre marca 14 por ciento en la intención de votos; en el sector rural marca 8 por ciento, donde todos esperaban fuera su fuerte. Lo anterior a pesar del decidido apoyo que le han dado importantes medios de comunicación que arriesgan su propia credibilidad y prestigio si don Fabio no revierte su curva descendente en la intención de voto.
En un mea culpa tácito los políticos que lanzaron a don Fabio han pedido el voto para él porque es honrado y esta cualidad es la que sus promotores y mercadólogos políticos destacan más, y hacen bien porque difícilmente le van a encontrar otras que convenzan a los independientes, los sin partido, los mal llamados indecisos, porque es obvio que están decididos a no respaldar a un candidato que no les convence. Estos independientes suman el 46 por ciento de los electores. Según las dos últimas encuestas, todos juntos los partidos políticos de oposición suman apenas el 11 por ciento.
Ser honrado no es suficiente para convencer a los independientes, habemos 5,700,000 honrados más 3,000 sinvergüenzas en Nicaragua, algunos de ellos son políticos. Para los independientes pedirle al candidato que sea honrado es una condición sine qua non.
Los independientes (46 por ciento) a todas luces son las personas más racionales, bien informadas, educadas y exigentes a la hora de decidir su respaldo por algún candidato y qué bueno que así sea, porque al menos en eso ya nos vamos pareciendo a las democracias maduras donde los indecisos son los que deciden quién es el próximo presidente. Los indecisos no votan por un color político, votan por el candidato que les convenció o no votan.
El candidato de la oposición debe enfocarse en atraer a los independientes (46 por ciento), teniendo muy en cuenta que en las próximas elecciones el 70 por ciento de los electores será menor de 30 años. Debe ser empático con esa población, interpretar sus necesidades y presentarles soluciones realistas, bien respaldadas con cifras creíbles.
Los viejos políticos y los políticos viejos no le están dando espacio a los jóvenes (30-50 años) profesionales y/o empresarios capaces, más orientados a resultados que a la diatriba. La población está pidiendo a gritos caras nuevas y frescas en la política, hasta los sacerdotes lo han sugerido sirviendo de voz de los feligreses de todas las iglesias.
Los viejos políticos se aferran a candidaturas perdedoras y luchan entre sí por un honroso segundo lugar que les asegure su diputación, eso es lo más importante para ellos. Asumen que al no haber otros candidatos los independientes van a votar a fuerza por ellos, sin reconocer que la abstención ha venido incrementándose sistemáticamente por la falta de candidatos fuertes en la oposición. Si la abstención que fue de un 20 por ciento en la última elección presidencial pasa a 23 por ciento, el FSLN obtendría el 50 por ciento de los votos válidos y con ello 47 diputados.
Los independientes (46 por ciento) no están comprando la idea de que no importa que el candidato sea débil mientras tenga buenos asesores. Ellos quieren ver al candidato fuerte, al que va a mandar, a dirigir. Un país con el atraso que tiene Nicaragua, +/- 20 años respecto a sus vecinos, requiere de un presidente con experiencia en dirección de instituciones grandes y complejas o que tenga el conocimiento para hacerlo, las buenas intenciones no bastan, si no vean cómo estamos en la cola de Centroamérica. ¿Son los candidatos actuales las personas capaces de movernos a crecimientos del PIB del 8 por ciento? Seguro que no.
Con frecuencia escuchamos la falacia de que no hay otros candidatos más que los que nos han presentado. Acá les menciono tres nombres de posibles candidatos, aunque tengo siete más en la mente: Klauss Stadtaghen, Violeta Granera, Mario Amador. Estoy seguro que ustedes tienen al menos otros cinco buenos candidatos en mente.
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