María José Zamora Solórzano

La decisión de Hassan

En Nicaragua existe la costumbre de nombrar a presidentes de instituciones y organizaciones, sin darles la autoridad real que conlleva este título. Entiendo que la decisión del doctor Moisés Hassan de renunciar al Partido Acción Ciudadana (PAC), no está relacionada con apoyar o no a la UNE, sino más bien con la forma en que se procedió a dar este paso, por lo visto sin cumplir con el proceso que debe de regir a este tipo de decisiones. El doctor Hassan deja claro con su retiro de PAC que no está dispuesto a ser un presidente “decorativo” ni a que su opinión se la lleve el viento. Cuando se elige a una persona para ser el o la presidenta de una organización, ésta deberá contener en su manera de pensar y de actuar la esencia ideológica de la organización que representa, caso contrario significa que eligieron a esa persona para que ostente un título meramente nominal, como lo dice el doctor Hassan, y que el objetivo verdadero es utilizar su imagen o ridiculizarla.

Ejemplos de este tipo de “elecciones” son comunes en Nicaragua; sin embargo, siempre hay valientes que se revelan a ser títeres de grupos con intereses y principios ajenos a los que suponen fundamentar sus organizaciones. Por ejemplo, la rabia del caudillo Arnoldo Alemán en contra del entonces Presidente de Nicaragua, ingeniero Enrique Bolaños, ha sido y seguirá siendo, el hecho de que don Enrique gobernó en beneficio de Nicaragua, apegado a la Constitución, y cortó con el nefasto y corrupto estilo de administrar a un país que tienen los “caudillos” y “máximos y eternos líderes” de los “partidos” PLC y FSLN. Esta coincidencia entre Ortega y Alemán es lo que los une desde 1998 y cualquiera que se interponga en sus planes será declarado enemigo; Ortega se encarga de “castigar” y amedrentar a los de la izquierda que levanten la cabeza, y Alemán hace lo suyo con los de la derecha. Esta lamentable realidad que se ha fortalecido ante nuestros ojos no es bajo ninguna circunstancia lo que le conviene a Nicaragua, ni es sostenible el inminente aumento de la inseguridad ciudadana, el desempleo y la represión del gobierno actual contra la oposición y los medios de comunicación independientes, va a generar un descontento social incontrolable. Como siempre ocurre en estas situaciones extremas; los “máximos y eternos líderes”, sus familias y allegados, no sufrirán ni tendrán mayores problemas, ya robaron suficiente al Estado nicaragüense para asegurarse por varias generaciones dinero y negocios en abundancia; el llamado gran capital tiene sus mayores inversiones fuera de Nicaragua y pueden “levantar vuelo” en cualquier momento. Los pobres seguirán siendo pobres o quizá más pobres, sin posibilidades futuras de dejar de serlo. Y la clase media será sin duda, la que se desplome; pequeños y medianos comerciantes y empresarios que no podrán competir con aquellos negocios que no pagan impuestos o tienen concesiones especiales que les permiten acaparar el mercado; los profesionales, que no encontrarán trabajo o tendrán que avenirse a salarios bajos afectando así el bienestar de su familia; jóvenes que saldrán del colegio y no tendrán medios económicos para costear sus estudios universitarios o técnicos; los jubilados y jubiladas que hoy reclaman sus pensiones, tal y como se está manejando el INSS, difícilmente tendrán respuesta, y ni hablar de los que vienen detrás. Por algún tiempo el Gobierno podrá mantener engañados a los pobres con futuras promesas, dándoles por ahora, láminas de zinc, chanchitos, gallinas, diversión, luces de colores, piñatas, juguetes, fiestas, etc. Pero nada de esto se traduce en oportunidades para que salgan de la pobreza. Lo único que puede terminar con la pobreza es una educación dirigida a formar personas, que desarrollen su inteligencia y sus talentos en pro de construir una Nicaragua próspera y libre. Éste es un proyecto a largo plazo y definitivamente no está en los planes de ningún “caudillo”, pues lo que a ellos les conviene promover es una educación que cree borregos, títeres y pescuezos flexibles.

Mi solidaridad con el doctor Moisés Hassan por ser ejemplo de persona.

La autora es sicóloga.

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