El gobierno tortura y mata a los pobres

Por Alejandro A. Tagliavini.- En el mercado natural, las personas acuerdan sobre los distintos temas. Por caso, el cartero que necesita una bicicleta para ganar dinero, decide pagar cierta cantidad por ella. Se informa y busca un bicicletero que le venda. Ambos se benefician y el mercado se desarrolla eficientemente, así en todos los casos como alimentación, vivienda, etc. El estatismo, en cambio, impone unilateralmente utilizando el monopolio de la violencia que ejerce el gobierno, por caso, quienes pueden trabajar como carteros (“regula”).

Es irreal pretender que quien ejerce la violencia no lo haga de manera arbitraria, en su propio provecho. Porque hasta el cristianismo manda amarse primero a sí mismo para luego brindar amor: “ama a tu prójimo, como a ti mismo”. Entonces, el método estatal servirá al más fuerte. Por caso, las cargas tributarias las pagan todos pero, los más fuertes, las trasladan hacia los más débiles: los empresarios, por ejemplo, los pagan subiendo precios y bajando salarios mientras que los más humildes soportan esta suba de precios y baja en salarios.

No es cierto que ese dinero vuelve a los pobres. Solamente por impuestos a la exportación de soja en 2011, el gobierno argentino recaudará US$$7,400 millones. Con esa cantidad, se podría terminar con el hambre y construir casas para los “sin techo”. Pero lo gastan los políticos en cosas como la difusión de futbol “gratuito” que cuesta US$$150 millones anuales, o en la estatal Aerolíneas Argentinas que pierde US$$2 millones diarios, mientras que solo en publicidad el gobierno de la ciudad de Buenos Aires gasta US$$35 millones anuales.

Mientras que así se bajan los salarios, el Estado provoca la desocupación con leyes laborales coactivas, en particular, al imponer un salario mínimo prohíbe que trabajen los que ganarían menos. Así, se produce hambre, desocupación y miseria. De otro modo no se entiende la indigencia cuando sobran alimentos, trabajo por hacer y tierra: Argentina es el octavo país en extensión territorial del globo, pero 32 en el total de población, lo que determina una densidad de población de apenas 14 personas/km2, la mitad de EE.UU.

El estatismo argentino provocó un aumento del 50 por ciento en la población de las “villas miseria” desde el 2000. Días atrás, miles de personas ocuparon terrenos ilegalmente. Al principio, se dio la paradoja del estatismo: reprimieron violentamente hasta matar a varios, de los pobres que la misma violencia estatal creó. Luego el gobierno decidió darles dinero, entonces más intentaron ocupar terrenos para “ganarse” ese dinero y se armó una gresca importante. Esto, agravará el problema porque significa más gasto estatal, más impuestos, más empobrecimiento. Los sin tierra deben obtener su propiedad pero la coacción, la violencia estatal, agravará el problema, en rigor, lo causó: la carga impositiva, las leyes laborales y demás regulaciones hacen inviables los pequeños emprendimientos.

Evo prometió “reforma agraria” porque en Bolivia los campesinos tienen el 13 por ciento de las tierras productivas, el resto pertenece a terratenientes, precisamente por culpa de la “reforma agraria” en 1953, ya que los inviables pequeños emprendimientos fueron vendidos a precios irrisorios. El gobierno reconoce que el 95 por ciento de las tierras distribuidas en el 53 terminaron en manos de terratenientes. Chávez, solo en 2009, según datos oficiales “recuperó” 500,000 hectáreas, para “incrementar la producción alimentaria” de un país que todavía importa más del 60 por ciento de sus alimentos.

El autor es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California.

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