Por Geraldine González
Bailar para muchos representa una forma de liberar energías y olvidarse por un momento de las tensiones escolares o laborales. Sin embargo hay quienes aplican esta técnica para apoyar una buena causa, tal es el caso de Dance Up Studio.
Con apenas dos años de existencia como grupo, Dance Up Studio está conformado por chavalas que saben combinar sus estudios o trabajos con su pasión por la danza, pues para Adriana Vallejos, directora del grupo, éste es el requisito fundamental. “No es necesario que tengás conocimiento previo de baile, el único requisito es que querrás ser parte del grupo y que pongás todo de tu parte”, comenta.
Por ser un grupo pequeño y bastante reciente, las coreografías, escenografía y organización de las presentaciones están a cargo de Vallejos, quien tiene como meta salir adelante con el grupo. “Es un proyecto que si Dios quiere voy a seguir impulsando y trataré de agrandarlo con el tiempo”, expresa.
Actualmente, el grupo está conformado por chavalas mayores cuyas edades oscilan entre los 19 y 26 años, aunque también han trabajado con niñas entre los 9 y 15 años.
Vallejos cuenta que a lo largo del año realizan dos presentaciones, las que siempre buscan beneficiar en un cierto porcentaje a una buena causa. “La primera presentación de este año, un porcentaje benefició a la ayuda apostólica que da el Teresiano a la Costa Atlántica; la última, que se realizó en los primeros días de diciembre, fue a favor de la Casita Azul, un colegio para niños de escasos recursos”, explicó.
El vestuario de la agrupación es propio, elaborado en base a ideas de la directora con ayuda de un diseñador. “Nuestras coreografías no son esquemáticas, por ende nuestros vestuarios tampoco. Son un poco alocados, coloridos, y también serios cuando el baile lo amerita”, agrega Vallejos.
La no constancia de algunas integrantes ha representado, de cierta manera, una dificultad para el grupo. “Cuando no todas tienen la misma disciplina en aprenderse los bailes, en practicar, se crean discrepancias en el grupo. Además, cuando alguna de las alumnas se retira del grupo y vienen nuevas, es como empezar de cero nuevamente, esto representa un reto para el grupo en general, pero es parte de la misma enseñanza”, relata Vallejos.
Para ensayar, estas chavalas procuran adaptar sus horarios del trabajo o la “U” con las prácticas. Generalmente ensayan por la noche, entre 6:30 p.m. y 8:30 p.m., y los sábados planifican ensayos a lo largo del día.
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