Tienen razón quienes dicen que en los papeles diplomáticos secretos o confidenciales sobre Nicaragua, que ha filtrado WikiLeaks y el diario español El País los dio a conocer públicamente el lunes de esta semana, no hay nada que no fuera conocido previamente. Sin embargo es muy impactante volver a leer y escuchar sobre las sórdidas acciones y conexiones de los gobiernos del Frente Sandinista y Daniel Ortega, en los años ochenta y ahora. Además, la joven generación de nicaragüenses y muchos de los nuevos diplomáticos extranjeros que cumplen funciones en Nicaragua, desconocían esos detalles tan interesantes en el manejo del poder bajo los regímenes del FSLN, los cuales son ahora conocidos gracias a la revelación o filtración de algunos mensajes confidenciales que fueron enviados por embajadores estadounidenses en Managua, al Departamento de Estado en Washington D.C.
De todas maneras, este escandaloso episodio de las filtraciones de WikiLeaks comprueba que los diplomáticos extranjeros acreditados en Nicaragua están completamente claros de lo que sucede en el país, de cuáles son los objetivos de Daniel Ortega y qué procedimientos utiliza para alcanzarlos. Y saben lo que le espera a esta infortunada nación si Ortega logra consumar sus propósitos de volver a reelegirse y de perpetuarse en el poder.
Pero la revelación de esos documentos no necesariamente debe tener consecuencias negativas para las relaciones entre Estados Unidos y el gobierno de Daniel Ortega. En realidad, si los hechos revelados no tuvieron consecuencias de ninguna clase, ¿por qué habría de tenerla la filtración de los documentos en los cuales se comentan “diplomáticamente”? De todos modos eso dependerá de la reacción de Daniel Ortega.
En lo que respecta al gobierno de Estados Unidos, éste ya se adelantó a exponer públicamente su posición oficial por medio de un artículo de opinión del embajador Robert Callahan, publicado en LA PRENSA el lunes 29 de noviembre recién pasado, o sea una semana antes de que se dieran a conocer los documentos secretos del Departamento de Estado sobre Nicaragua, filtrados por WikiLeaks.
“Considero que las personas de buena fe reconocen que los informes internos de los diplomáticos no representan la política exterior oficial de un gobierno”, escribió el embajador Callahan en su artículo que fue titulado “El diálogo en la diplomacia de los Estados Unidos”. Y agregó el Embajador norteamericano que esos informes internos “En Estados Unidos, son un elemento de los muchos que dan forma a nuestras políticas, que en última instancia son establecidas por el Presidente y la Secretaria de Estado. Esas políticas son un asunto registrado públicamente, son el tema de miles de páginas de discursos, declaraciones, hojas informativas y demás documentos que el Departamento de Estado pone a disposición del público de manera gratuita en línea y en otros espacios”.
Seguramente el gobierno de Estados Unidos y su representación diplomática en Nicaragua no van a decir nada más que eso, respecto a los documentos filtrados por WikiLeaks y difundidos por El País de España. En la política internacional y la diplomacia profesional no se acostumbra abundar sobre temas escabrosos , porque cuando se habla más de la cuenta o de lo estrictamente necesario, los asuntos se enredan y complican en vez de aclararse y resolverse.
Realmente, la consecuencia más importante de la publicación de esos papeles del Departamento de Estado de Estados Unidos, sobre Nicaragua, es la vergüenza que deben sentir los ciudadanos nicaragüenses por la clase de gobernantes que tienen, los cuales tomaron legalmente el poder. Nicaragua ya se había librado de ellos, en las elecciones de 1990, y era preferible soportar las tropelías de Daniel Ortega cuando gobernaba “ desde abajo”, que volver a sufrirlo como gobernante desde arriba. Lamentablemente los políticos corruptos y pactistas le permitieron a Ortega recuperar el poder con sólo el 38 por ciento de los votos ciudadanos, y ahora hay que sufrir las consecuencias y pasar por la vergüenza de volver a ser gobernados por esos sórdidos personajes que aparecen en los documentos filtrados por WikiLeaks.
En fin, como dice el señor Leslie Gelb, presidente del no gubernamental Consejo de Relaciones Exteriores de Estados Unidos —citado por Moises Nain, director de la revista Foreing Policy, en un artículo publicado por El País el mismo día que divulgó los documentos sobre Nicaragua—, la filtración de WikiLeaks no perjudica a EE.UU. “El villano que claramente emerge de los cables no es Washington; son los líderes de otros países, que evitan tomar decisiones difíciles y se refugian en la hipocresía, la cobardía y las mentiras que les dicen a sus pueblos”.
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