“Poderoso caballero es Don Dinero”, reza un poema de Francisco de Quevedo; “pues da autoridad al gañán y al jornalero ”. Que razón tenía el gran poeta español, pues este bien, generalmente aceptado como medio de pago y depósito de valor, gobierna sobre la vida de la mayoría de las personas, dado que, como escribió Georg Simmel: “El dinero es un instrumento que entra en casi todas las interacciones sociales de las personas”.
El origen del dinero es muy difícil de establecer, pero hay consenso sobre el por qué de su aparición. Según el economista alemán Gustav von Schmoller, el dinero es la respuesta a los problemas de la economía de trueque, en donde el intercambio de bienes se entorpecía por tener que comparar valores entre bienes disímiles, haciendo la fijación de precios un inmenso suplicio: ¿cuántas naranjas intercambiaría por un par de sandalias? De aquí que la sociedad decidiera, según Carl Menger, “dar sus mercancías en cambio por otras mercancías, más vendibles, aún cuando no necesite dichas mercancías para ningún propósito inmediato de consumo”.
Así, bienes como la concha de caurie (cypraea moneta) se utilizó como dinero en la costa oeste de África e India, a como el cacao fue utilizado por los Mayas y los nativos centroamericanos, siendo el oro, la plata y el cobre las mercancías preferidas a través de los tiempos. Según la mayoría de los expertos en el tema, la acuñación de monedas se da primeramente en Lydia, región que se ubicaba en lo que hoy es Turquía, bajo el reinado de Cyges Mermnadae (680 al 652 a.C). Las monedas ovaladas llamadas “leones” eran fabricadas de electrum, una aleación natural de oro y plata.
La palabra dinero proviene del “latín “denarius”, moneda romana de plata primeramente acuñada en el 268 a.C. A su vez, denario proviene del latín “deni” que significa diez veces, en referencia a que un denario valía 10 monedas de cobre llamadas “ases”. La palabra moneda también procede del latín. Resulta que el Templo de Júpiter (Monte Capitolio), el dios de dioses romano, tenía dos cámaras laterales; una dedicada a la diosa de las artes y la sabiduría Minerva, y otra dedicada a su hermana y consorte Juno.
Juno ostentó varios epítetos significativos que representaban su papel de diosa; Juno Regina, reina de los dioses; Juno Lucina, protectora de las mujeres embarazadas; Juno Sospita, protectora de las labores de parto, y Juno Moneta, diosa protectora de las riquezas del Imperio Romano. La palabra “moneta” proviene de la palabra “monere” que significa advertencia. Se supone que en estos tiempos, al avecinarse los ataques de los galos a la ciudad romana, los trompetistas advertían de la agresión y sonando sus instrumentos llamaban a las armas desde la colina más alta, el templo de Juno. Ahí en el templo de Juno Moneta se acuñaban las monedas en Roma y por tanto fue en el mismo que se inició la acuñación del denario; de aquí surge la palabra “moneda” para indicar el dinero en mercancía acuñada circularmente. Es de aquí también que procede la palabra anglosajona “money”, la cual también significa dinero.
Por su respaldo, el dinero considerado más popular es el dólar norteamericano, cuyo nombre tiene su origen en Europa. El Conde von Schlick de Bohemia, territorio en Europa Central que hoy forma parte de la República Checa, empezó a acuñar monedas en 1518. Dichas monedas de plata fueron acuñadas en la ciudad de Joachimsthal (hoy Jachymov) y llegaron a conocerse como “Joachimsthaler” . La palabra Joachimsthal proviene de Joaquín, en honor al padre de la Virgen María, cuya imagen se imprimió en la moneda y de la palabra alemana “thal” o “tal” que quiere decir valle. Con el tiempo se les conoció sólo como “thallers” y finalmente como “dollars”.
El dinero no siempre representa riqueza, pues puede adquirirse a través de una deuda de igual monto, pero aún así, éste es el bien más apetecido en la Tierra desde que la humanidad lo inventó. Su poder de compra lo hace un medio poderoso y por tanto corruptor de aquel débil de carácter o de valores. Para el profesor Jacob Needleman, filósofo de la Universidad del Estado de San Francisco, el dinero es un espejo de nuestra propia naturaleza, ya que nuestro comportamiento ante él define nuestra manera de ser.
Cuál será entonces nuestra naturaleza, una que nos ubica en el puesto 130 del ranking anual de corrupción del organismo “Transparencia Internacional”, entre los últimos de América, sólo arriba de Paraguay, Ecuador y Venezuela, que se ubica de número 162 de 180 países evaluados. Para mejorar en estos indicadores, podríamos empezar por tomar una recomendación hecha por Benjamín Franklin hace más de 200 años. Al escoger a los funcionarios públicos se hace necesario evitar personas obsesionadas con el dinero, pues “el que opina que el dinero lo es todo, es sospechoso de hacer todo por dinero”.
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