La gran fiesta

La historia de la crisis financiera mundial se encuentra bien graficada en una caricatura de la revista Economist.

La historia de la crisis financiera mundial se encuentra bien graficada en una caricatura de la revista Economist .

El primer cuadro muestra una persona vestida de fiesta con una botella de champán en la mano y el sombrerito de fiesta en la cabeza, caminando alegre por un camino que termina en un profundo abismo. Al lado del camino un gran cartel advierte: “Peligro Deuda”.

En el segundo cuadro, la persona pierde el equilibrio, se le caen el sombrerito y la botella de champán y se va en el abismo profundo. Está desesperada. Finalmente, una “mano amiga” le pasa un paracaídas para detener su caída. La persona se lo pone, pero al abrirlo su cuello queda atrapado entre las cuerdas.

Cuando el paracaídas finalmente se abre, la persona casi no puede respirar debido a las cuerdas; y el paracaídas tiene escrito en su parte superior un cartel que dice “Medidas de austeridad”.

Si analizamos la historia, la gran fiesta equivale a la costumbre de “gastar más de lo que se gana”, que tuvieron las economías desarrolladas durante muchos años. El financiamiento de “la fiesta” se dio a costa de endeudamiento, y en última instancia de emitir cada vez más dinero no respaldado por una producción real.

Año tras año leímos sobre los cada vez mayores déficits fiscales. La advertencia del cartel “Peligro deuda” fue emitida una y otra vez por diversos medios de comunicación y numerosos economistas; pero fue “siempre ignorada”. Era más fácil y agradable para todos “continuar la fiesta”.

La gran cantidad de dinero en las economías inundó los mercados y fue el combustible que dio alas a los precios de las acciones e inmuebles, entre otros. En Estados Unidos y Europa utilizaron las casas como si fueran “cajero automático”, para sacar más y más crédito de las instituciones financieras.

Los préstamos no se utilizaron para financiar inversiones productivas, sino esencialmente consumo suntuario: autos lujosos, grandes televisores, viajes, casas de vacaciones y otros “placeres”.

La gran fiesta se financió también ampliando los límites legales que los bancos podían manejar, respecto a su patrimonio. Eso permitió a las instituciones financieras crecer hasta niveles inmanejables.

La caída en el abismo, al final de la fiesta, representa la crisis financiera. Fue tanto el endeudamiento, que los consumidores se vieron imposibilitados de pagar sus deudas, arrastrando consigo a los bancos.

El paracaídas asfixiando a la persona representa el enorme costo que los contribuyentes de los países desarrollados tendrán que pagar vía impuestos, por las enormes deudas que se utilizaron para salvar a los grandes bancos de la quiebra.

Lo peor de todo es que “la fiesta aún no termina”, se siguen anunciando más y más emisiones de dinero para salvar las economías, tratando erróneamente de resolver el problema con la misma medida que lo originó: exceso de dinero.

El resto del mundo también pagará por medio de la pérdida de valor de los dólares y euros, que los ciudadanos de distintos países tienen acumulados. En la práctica, muchos de los “no invitados a la fiesta” estamos pagando “la factura”, nos guste o no. Conclusión: fue una fiesta cara y la resaca es incurable.

El autor es director de Promifin, programa financiado por la Cooperación Suiza en América Central.

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