NUEVA YORK/AP
El boxeo regresó a los primeros planos la semana pasada gracias al deslumbrante filipino Manny Pacquiao, que concitó la atención general. La única lástima es que utilizó a Antonio Margarito poco más que una bolsa de entrenamiento.
Los miles de aficionados que colmaron el Estadio de los Cowboys y los millones que vieron la pelea por televisión por encargo presenciaron quizás la más espléndida exhibición boxística. Pero no fue necesariamente una gran pelea porque el único interrogante, después de los primeros asaltos, fue si Pacquiao iba a ganar por nocaut o por decisión.
No será así este sábado por la noche, cuando Sergio Martínez defienda su título mediano contra Paul Williams en Atlantic City, en el desquite de una de las mejores peleas del año pasado.
Ninguno de los dos tiene el reconocimiento popular de Pacquiao. Pero son quizás los dos mejores boxeadores del mundo después de Pacquiao y Floy Mayweather Jr., y siempre dejan todo de sí en el cuadrilátero.
“Sé que se hablará mucho para promocionar la pelea, pero realmente yo no tengo gran cosa que decir”, dijo Williams esta semana. “Sé que Sergio trae todo con él, pero ya lo he enfrentado. Sé qué esperar. Va a haber pelea”.
Si el combate Pacquiao-Margarito fue para las masas, éste será para los conocedores.
Cuando se enfrentaron en diciembre, Williams y Martínez se noquearon mutuamente en el primer asalto antes de pasar los once rounds restantes intercambiando golpes para deleite de los pocos miles que presenciaron la pelea en el Salón Adrian Phillips del Boardwalk Hall.
Ambos terminaron golpeados, pero nunca dejaron de lanzar golpes hasta la campana final. En ese entonces los dos elevaron los brazos al aire en señal de victoria, y por buenos motivos: un juez dio empate mientras los otros dos favorecieron a Williams por la mínima diferencia. Fue candidata a la Pelea del Año.
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