Adolfo Miranda Sáenz

Santa Claus vs. el niño Dios

LA PRENSA/ARCHIVO
Se acerca la Navidad y el mundo se prepara para celebrar… ¡a Santa Claus! ¿Qué no era al Niño Dios a quien celebrábamos en Navidad? Pues sí, así era. Pero ya no. Millones de personas que todavía dicen ser cristianas han sustituido al Niño Dios por el personaje que la Coca-Cola inventó en los Estados Unidos en 1931, cuando encargó al pintor Habdon Sundblom que lo creara basándose en la historia de San Nicolás, un obispo cristiano que vivió en el siglo IV en Turquía y que amaba a los niños.

El resultado fue el viejo gordo de barba blanca y traje rojo, luciendo los colores representativos de la bebida ¡en nada parecido al obispo turco! Al mismo tiempo inventaron la leyenda de que Santa Claus vive en el Polo Norte y que con unos duendes fabrica regalos que en Navidad reparte en un trineo halado por renos voladores.

Para los cristianos la Navidad es la fiesta en que conmemoramos el nacimiento de Jesús. Dios, que nace hombre haciéndose igual a nosotros en todo menos en el pecado; con un propósito: morir después en la Cruz para redimirnos pagando con su sangre el precio de nuestras culpas.

La Navidad es la fiesta de cumpleaños de Jesús. Además de la Santa Misa hacemos una fiesta familiar: la cena de Nochebuena. Ponemos adornos y luces creando un ambiente bonito, festivo, alegre. Arreglamos los Nacimientos con el Niño Dios, la Virgen María, San José, los sabios de Oriente, los pastorcitos… Ponemos césped verde (nada de nieve, pues ni en Belén había nieve ni aquí tampoco, por lo que no tiene sentido para nosotros imitar a otros países donde haya nieve). En los cumpleaños hay regalos y al Niño Jesús le llevaron regalos los sabios de Oriente, por eso ahora nos damos regalos unos a otros y a los niños más pequeñitos les trae regalos el Niño Dios (no Santa Claus).

Qué lástima que muchos “cristianos” se han dejado arrastrar por la propaganda comercial, quitando al Niño Dios como símbolo y centro de la Navidad y poniendo en su lugar a Santa Claus. ¡Un lugar que le corresponde nada menos que al mismo Dios! Nuestras bellas costumbres católicas hispanoamericanas como los Nacimientos, las posadas, las pastorelas, las novenas al Niño Dios… han sido sustituidas por costumbres extranjeras que —como la nieve— nada tienen que ver con nuestras tradiciones y menos con nuestra fe (como sucede también al celebrar Halloween).

Pregunte usted a 10 niños qué celebramos en la Navidad y verá que ocho le responderán que celebramos a Santa Claus. Ahora él es el personaje central, quien les trae los regalos y a quien aprenden a querer (idolatrar sería un término apropiado). Ya no celebramos el cumpleaños de Jesús, ni se enseña a los niños a amar al Niño Dios. Esta bella época, tan apropiada para evangelizar especialmente a los pequeños, se la viene tragando el monstruo del consumismo y la globalización de las costumbres con un paganismo importado que adora al dinero.

Pero no todo está perdido. Celebremos las posadas y pastorelas. Las familias católicas pongamos en nuestras casas el Nacimiento, aunque sea pequeño. Hablémosle a los niños sobre Jesús y el significado verdadero de la Navidad. Concedámosle sólo una importancia mínima a Santa Claus (ya que sería imposible ignorarlo por completo) explicándole a los niños con franqueza que es un personaje de cuentos o de fantasía (como el ratón Mickey). En cambio, destaquemos y pongamos en el centro de la Navidad al Niño Dios.

COMENTARIOS

  1. DAN
    Hace 16 años

    Con todo respeto a las creencias que a lo largo de siglos nos han inculcado, la Navidad debe ser para fortalecer el amor de Dios y la familia. Pero el Sr. Miranda se olvida, como muchos en todo el mundo que a los niños pobres nadie les ofrece un regalo, ropa y menos aun cariño. Por què entonces no abogar por eso y que los que tienen mas apoyen a los que tienen menos? Por què no «adoptar» a una familia y ayudarla en esta epoca y mas allà de la navidad? Eso es cristianismo y con ejemplo.

  2. Elias Tisbita
    Hace 16 años

    Esta bien la observacion del autor al abordar las desfiguracion de la celebracion de la Navidad. Sin embargo, la fecha del 25 de Diciembre tiene su origen en el Paganismo del Imperio Romano de los Cesares en la adoracion al dios sol «El Gabal» o «Sol Invictus». Jesus nacio entre Septiembre/Octubre.

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