Martha Justina González
La Responsabilidad Social Empresarial (RSE) se define como la contribución activa y voluntaria al mejoramiento social, económico y ambiental por parte de las empresas, generalmente con el objetivo de mejorar su situación competitiva y valorativa y su valor añadido.
La empresa elige el área en que desea desarrollar su “responsabilidad social”. Algunas impulsan proyectos para beneficio de determinado grupo comunitario, ya sea en educación o alimentación, por ejemplo. Otras empresas impulsan proyectos de protección ambiental y otras inician su RSE atendiendo al personal de la empresa. Los objetivos en este caso: buscar la excelencia en el seno de la empresa, atendiendo especialmente a las personas y sus condiciones de trabajo, con la consecuente mejora en la productividad de la empresa.
La promoción de estilos de vida saludable en las empresas, como parte del tema de RSE, trae beneficios tanto a nivel individual como colectivo, al trasladar los hábitos de los trabajadores a sus familias y allegados.
El estilo de vida saludable se caracteriza por alimentación balanceada, realización de actividad física, recreación, manejo apropiado del estrés, ya sea laboral, familiar o emocional, y poco o nada consumo de sustancias tóxicas como cigarrillo y licor.
Un estudio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que examinó los hábitos alimentarios de los trabajadores en distintas partes del mundo durante el año 2005, mostró que la mala alimentación, por déficit o por exceso, causa pérdidas hasta de 20 por ciento en la productividad.
El estudio señala que uno de cada seis habitantes de la Tierra está en desnutrición y otro tiene sobrepeso o es obeso. Además, destaca que en 2001, enfermedades crónicas no transmisibles (ECNT) relacionadas con la dieta (sobrepeso, obesidad, diabetes, hipertensión) causaron 46 por ciento de todas las enfermedades del mundo y 60 por ciento de las muertes, en especial las enfermedades cardiovasculares que provocaron 30 por ciento de las muertes. En 2020 las enfermedades transmitidas por alimentos (ETA) podrían representar 57 por ciento de ellas. En Nicaragua, el 60 por ciento de la población adulta tiene sobrepeso u obesidad.
Es obvio, si se mejora la alimentación y el estilo de vida en general se puede aumentar la productividad y disminuir las deficiencias nutricionales, las enfermedades crónicas como obesidad, diabetes, hipertensión, gota, entre otras. En realidad la preocupación por una dieta balanceada para los trabajadores es tan importante como prevenir contra sustancias químicas nocivas, sin embargo, aunque se reconoce la importancia de la alimentación para la salud de los seres humanos, hasta ahora no ha sido un tema de interés como son los salarios, la seguridad ocupacional y otros beneficios. La alimentación en el trabajo es una oportunidad para aumentar la productividad y la protección social.
La empresa puede aportar a la alimentación de los empleados con actividades educativas sobre nutrición, no necesariamente con la implementación de comedores institucionales sino con educación nutricional destinada a impulsar cambios de comportamientos en los ciudadanos, que conduzcan hacia un consumo alimentario responsable, saludable, compatible con la prevención de ECNT.
Tener una dieta balanceada no necesariamente significa aumentar el presupuesto destinado a alimentación, quizás sólo hay que distribuir los rubros: disminuir la cantidad destinada a aceites, dulces, azúcares, gaseosas, y trasladar esos montos a frutas y vegetales por ejemplo.
La implementación de ligas deportivas y otras actividades que impliquen ejercicio físico en un ambiente recreativo contribuye al control del estrés y al equilibrio nutricional para mantenimiento del peso saludable.
Muchas empresas en Nicaragua están implementando planes de atención nutricional y actividad física para el personal. ¡Felicitaciones a todas ellas! Están impulsando verdaderos proyectos de RSE.
La autora es dietista, máster en Nutrición Aplicada.
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