Las sorprendentes declaraciones de los incondicionales del presidente tratando de justificar la corruptela de su gobierno me han hecho recordar al FSLN de los años setenta. Si mal no recuerdo la rebelión contra Somoza se dio por sus abusos de poder, el continuismo, la violación a nuestras leyes y Constitución, así como las reiteradas violaciones a nuestros derechos humanos, etcétera. Actualmente esas mismas violaciones se están repitiendo con una desfachatez y desvergüenza inaudita en todas las esferas del gobierno. Al régimen de los Somoza se les podía acusar de todo, menos de violar sus leyes, ya que ellos mismos se las mandaban a fabricar a su medida.
Lo mismo está sucediendo actualmente con el régimen de Daniel Ortega, ya que tanto él como sus “magistrados” en la CSJ se fabrican sus leyes según la ambición del momento. Por ello desenterraron un artículo provisional ya fenecido con el único propósito de encontrar un asidero a su capricho de mantener en sus puestos a una serie de funcionarios con periodos vencidos; lo mismo sucedió con la burda manipulación que se hiciera de nuestra Constitución en lo referente a las inhibiciones que le impedían a Ortega postularse a un nuevo periodo presidencial. No creo que exista en el mundo una Corte Suprema de Justicia que se precie de independiente que acepte que en menos de 72 horas se haya resuelto calificar de inconstitucional los artículos que le impedían a Ortega una nueva postulación. En ese sentido sus magistrados y diputados podrán pasarse el resto de sus existencias tratando de explicar la legalidad y legitimidad de sus actos, pero jamás lo lograrán, simplemente porque la historia está llena de dictadores que en el pasado hicieron lo mismo para justificar sus acciones.
A mi juicio la pregunta que todos deberíamos hacernos es: ¿Qué le hace creer a Ortega que lo que el pueblo no le permitió a Somoza se lo permitirá a él hoy? Y la única repuesta que encuentro es que Ortega sustenta su poder político y sus aberraciones en tres cosas; la primera en la mediocridad de nuestra élite política, la que en su mayoría ha demostrado una increíble capacidad de servilismo y entreguismo sin importarles que con dicha actitud están condenando a todo un pueblo a un destino que ha rechazado en repetidas ocasiones. La segunda es la falsa apreciación que tiene Ortega de que sus leyes, sus decretos y la manipulación que ha hecho a nuestra Constitución le proporcionan la legalidad necesaria para simular una legitimidad que nunca llegará, ya que nuestro pueblo al igual que la comunidad internacional no las aceptará jamás. La tercera aceptar que tanto él como sus corifeos se han transformado en lo que una vez combatieron.
Recordemos que la última elección de Somoza fue lo que marcó el principio del fin de su dinastía. Lo mismo está por sucederle a Ortega si insiste en su candidatura ilegal e ilegítima, por ello todos los nicaragüenses que amamos nuestra patria tenemos la obligación de cerrar filas contra los abusos de Ortega. De no hacerlo, nadie quedará exento de su responsabilidad por condenar a nuestro pueblo por los futuros atropellos de Ortega en el poder, ya que desgraciadamente para nuestro pueblo la metamorfosis de Ortega es irreversible.
El autor es ex comandante de la Resistencia Nicaragüense y miembro del directorio de Alianza Patriótica.
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