Anteponemos a la máxima “divide y vencerás” el axioma UNE Y PREVALECERÁS. La primera, maquiavélica, negativa, sandinista y destructora; la segunda, positiva, cristiana y constructora.
Nicaragua necesita a gritos de la unidad constructora que la salvó del filibustero Walker, cuando en septiembre de 1856 conservadores y liberales, en las personas de Fernando Chamorro y Máximo Jerez, unificaron sus esfuerzos y ejércitos.
En fecha más reciente, la UNO triunfó de la mano de Violeta Barrios de Chamorro. En 1996 y 2001, Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños, respectivamente, candidatos de un PLC unido, guiaron al pueblo a contundentes ventajas del 52 por ciento y 54 por ciento del voto popular y derrotaron al orteguismo. En 2006 otra fue la historia, los liberales divididos perdieron ante un famélico 38 por ciento. Hoy, y Dios no quiera, mañana y quizá por años, estaremos pagando por una nueva división, aberrante y anti-histórica.
Los años, aunque restan algunas facultades y aptitudes físicas, las compensan dotándonos de otras, más que todo mentales que debemos aprovechar. La historia salta a la vista y enseña a quienes quieren dejarse enseñar; los que no están condenados a revivir los aspectos negativos, desafortunadamente, arrastrándonos a todos, pero haciéndose responsables, lo quieran o no.
¿Por qué escoger el camino tortuoso, que lleva al despeñadero, teniendo al lado el sendero de la sensatez?
Permítanme compartir una vivencia personal, como dicen, con fecha, nombres y apellidos, aplicable a la disyuntiva actual. Ojalá vierta alguna luz que ilumine las mentes de los actores (Arnoldo Alemán, Eduardo Montealegre, Fabio Gadea) y a la vez, principales responsables del futuro inmediato de Nicaragua.
- El triunfo de la democracia en Nicaragua pasa, al menos en el presente, por la unidad liberal; si no logran esta unidad, cargarán los liberales con la responsabilidad histórica de una derrota adicional a la del 2006, de inconmensurable consecuencia.
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En la primera mitad de 1985, durante la lucha armada contra el totalitarismo sandinista, habiendo dos frentes principales, cada cual con su estructura independiente, se hacía sentir, por múltiples y variadas razones, la necesidad de la unidad. Se daban pláticas, pero también por múltiples y variadas razones no se llegaba a la misma. Reunidos en San José, Costa Rica, Alfonso Robelo, Arturo Cruz y el suscrito, poniendo a un lado diferencias e intereses personales y de grupo, suscribimos un pacto de unidad, bautizado como Unión Nicaragüense Opositora.
En el norte operaba Fuerza Democrática Nicaragüense (FDN), la mayoritaria y principal fuerza contrarrevolucionaria. Tanto los directores de la misma como los miembros del grupo civil de apoyo en Honduras, Miami y otros sitios, y la estructura militar, se oponían aludiendo que en nada o muy poco contribuirían esos grupos, más bien restarían recursos y credibilidad. Apelaban a mi posición personal, instándome que estaba “regalando liderazgo” innecesariamente. También aludían a que en el sur se encontraban ex comandantes (Pastora y otros), dos ex pentarcas (Cruz y Robelo) de la Junta de Gobierno sandinista, y ex miembros de ese gobierno, todos sospechosos y no confiables.
Entre los pocos pero valiosos argumentos a favor estaban la posibilidad de presentar ante el mundo y principalmente ante el Congreso de los Estados Unidos una oposición unida, que representara un rechazo total al régimen despótico y que invitara a un mayor y constante apoyo de las democracias a nuestra causa.
Contra viento y marea, a pesar de las protestas y muestras de rechazo, se hizo la unidad. Así como se hizo se deshizo, pero quedó la semilla y al disolverse la UNO, se constituyó una alianza más amplia que se denominó Resistencia Nicaragüense, que llegó a sumar más de veinte mil combatientes y que al final de cuentas forzó a los orteguistas a dar una elección libre y supervigilada que ganó en forma contundente la oposición democrática unida monolíticamente.
Aunque no sea ni pertenezca a partido liberal alguno, reconozco y recomiendo a los miembros del PLC que encuentren él o los mecanismos para presentarse unidos a una elección que conllevaría el apoyo, como en elecciones anteriores, de los nicaragüenses demócratas. El triunfo de la democracia en Nicaragua pasa, al menos en el presente, por la unidad liberal; si no logran esta unidad, cargarán los liberales con la responsabilidad histórica de una derrota adicional a la del 2006, de inconmensurable consecuencia. Es imperdonable, en la situación actual, trompicar con la misma piedra, más aun sobre advertidos.
¿Cuál es ese mecanismo? Todos lo sabemos, una medición preelectoral, de mayor seriedad y compromiso que una simple encuesta. Una elección primaria, con padrón abierto o cerrado, a como crean más apropiado, al igual que se acostumbra en muchos países democráticos; ya se han dado en la vecina Honduras. Si unos y otros desconfían, más habrán de desconfiar de las elecciones nacionales propiamente dichas, pero habrá que ir so pena de dejar a los sandinistas el campo incontestado y de perder personerías jurídicas y otras condiciones que señala la Ley Electoral.
Por último cabe señalar que estamos a tiempo de unas primarias, serían unas calistenias electorales muy deseables para todos los interesados en justas electorales democráticas. Un ensayo general, como se da para las presentaciones de obras teatrales.
El autor fue comandante de la Resistencia Nicaragüense.
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